Explico por qué entiendo que son incorrectas las conclusiones oficiales difundidas sobre los propósitos de los dos terroristas chechenios y su compañero turco en la provincia de Cádiz, una vez averiguadas sus manipulaciones con parapentes y con un aeromodelo capaz de transportar hasta un kilo de peso, conforme los datos obtenidos por la Policía española tras de las alertas de los servicios norteamericanos de Inteligencia antiterrorista.
Datos que incluyen el hallazgo de un zulo, donde además de potentes explosivos allí guardados se había rastreado la presencia de ricina, un veneno no menos potente, de efectos letales y actualmente imparable en sus efectos para los antídotos con los que se pretendiera medicar a los afectados por un ataque con ricina perpetrado.
¿Qué podían hacer unos terroristas nacionalistas originarios de Chechenia, cuyo objetivo estructural ha sido golpear contra la Federación Rusa contra la que hacen su guerra, conforme demuestra la serie histórica de los numerosos atentados practicados hasta ahora – desde Moscú a la gran diversidad de localizaciones de su presencia mortífera en el Cáucaso, especialmente desde la llegada al poder de Vladimir Putín -; qué podían hacer, digo, esos yihadistas del nacionalismo chechenio como ejecutores de una operación terrorista contra un genérico objetivo de naturaleza civil como sería la referida área comercial algecireña, o la otra especie de terrorismo colateral a los Juegos Olímpicos de Londres?
¿Qué rendimiento tendría para su causa nacionalista y anti-rusa una matanza de españoles o de llanitos al aire de los Juegos Olímpicos londinenses? Obligado es convenir que ninguna. Tampoco la de un “bombardeo” con aeromodelo sobre las inmediaciones de la base de Rota o del propio Peñón.
Con el veneno de ricina que se detectó y con el vector para su lanzamiento que se tenía preparado mediante el referido aeromodelo, el daño que se puede causar contra personas es espacialmente un daño limitado en cuanto al número de las susceptibles de resultar afectadas, salvo que el potencial de difusión de la ricina sea muy grande. Y ni aun así, con sus virtualidades catastróficas, casaría la coherencia de tal propósito terrorista con la ejecutoria nacionalista, específicamente antirrusa, del terrorismo chechenio. Hay que insistir en esto.
Priva la hipótesis que ya expuse aquí en el primer momento, de que el objetivo terrorista de estos yihadistas chechenios era una personalidad rusa de primera magnitud, probablemente el propio Vladimir Putín, visitador discreto de una de las zonas residenciales de lujo situadas en la zona de Sotogrande, según fuentes de ese ámbito. Sólo la no ocasional presencia por allí de una pieza de tal o parecida entidad, explicaría tan laboriosa preparación, el material de guerra química que se quería emplear y el dilatado desplazamiento flexión del yihadismo de Chechenia hasta puntos tan alejados del Cáucaso como Gibraltar y sus entornos.
De otro punto, el caso del yihadismo chechenio ilustra y reitera en cierto modo la proteica condición de Al Qaeda como estructura en red del terrorismo de base islámica, siempre pasando por Afganistán de una manera u otra.
Los soviéticos insistieron en decir que habían invadido aquel país para combatir el yihadismo y los norteamericanos lo utilizaron – hasta que Ben Laden cambió de bando - para combatir a los soviéticos. Ciertos gérmenes, químicos o biológicos – y también ideológicos – se utilizan cuando toca en práctica de dispersión, como esporas.
Ahí está como ejemplo, las esporas del leninismo aventadas ahora en el ámbito andaluz por el reverdecido entusiasmo revolucionario del alcalde de Marinaleda y sus mesnadas de jornaleros, trasegadas luego de dos legislaturas de hibernación, como si viviéramos 80 años atrás. Todo, a lo que se ve, para ver si el chispazo retrospectivo prende en la yesca social de España. Eso en que se ha reconvertido el rescate de los desmanes presupuestarios de ocho disparatados años en régimen de caída libre.