Nº 1139 -  26 / V / 2013 
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OPINIÓN

La economía exige más voluntad política

Primo González
 

La lentitud con la que las autoridades y las instituciones europeas están pasando de las palabras a los hechos es posiblemente el mayor riesgo que afrontan las economías de la Eurozona. De hecho, los  primeros síntomas de desaceleración en la economía alemana, que el año pasado pudo presentar una brillante recuperación,  ponen de relieve el impacto negativo que las convulsiones financieras tienen sobre los países más sólidos dela Eurozona. Posiblemente a Alemania se le ha ido un poco la mano a la hora de exigir rigor y ortodoxia en las economías periféricas, pero  ese es un asunto que a estas alturas tiene difícil vuelta atrás.

Por fortuna, el horizonte político en Europa aparece bastante despejado en el muy corto plazo, lo suficiente como para  no condicionar en exceso las politicas económicas de los países principales. España  tiene una mayoría absoluta que apenas ha cumplido su primer año de vida, Francia acaba de dar el giro hacia el partido socialdemócrata, Italia vive una excepción  complaciente con la  tecnocracia y Alemania entrará pronto en la recta final para sus próximas legislativas, el mes de octubre del año 2013, es decir, más de un año por delante para que Angela Merkel, que aspira a su tercer mandato, consolide la curación de Europa, sin la cual no habrá prosperidad en Alemania, idea que repitieron obsesivamente los delegados del partido conservador alemán en su última convención del pasado otoño.

Estos días, Alemania ha conocido algunos datos que apuntan en la dirección inquietante, ya que las exportaciones germanas, pilar del país, han flojeado en junio y la expectativa de un frenazo en el PIB ha empezado a ser bastante real. Justo se conocen estas impresiones cuando Francia aparece en el escenario con una previsión de caída del PIB y los italianos se unen a los españoles para ofrecer caídas bastante más significativas, que apuntan hacia el 1% de retroceso  y que ensombrecen las posibilidades de recuperación en el año 2013, por la sencilla razón de que en el año 2012 se están adoptando las medidas más duras de ajuste y su  impacto económico se dejará notar con más fuerza en el año 2013. El horizonte europeo es, por todo ello, más sombrío que esperanzador.

Es  por ello, por la precariedad de las previsiones y teniendo en cuenta la claridad de los diagnósticos, por lo que no resulta fácil de entender el retraso con el que Europa en general y las instituciones principales en particular (el BCE como principal responsable de las medidas que podrían  solventar la crisis financiera y  dinamizar el crecimiento) están  abdicando de sus funciones, retrasando una semana y otra la adopción de las esperadas medidas. Cuando en el plano nacional nos quejamos de la parsimonia del presidente español, Mariano Rajoy, causa sorpresa comprobar cómo a nivel institucional europeo  la actitud de pasividad está bastante extendida.

La oportunidad política es, con todo, el principal activo con el que cuentan en estos momentos los  líderes europeos para impulsar los nuevos pasos de implementación de una Eurozona más completa en sus instrumentos de Gobierno común, más unida, mejor cohesionada.  Parece como si Europa sólo fuera capaz de dar pasos hacia  adelante a golpe de crisis, reflejando una incapacidad preocupante a la hora de reforzarse  en condiciones de normalidad, incluso con  Gobiernos respaldados generalmente por mayorías suficientes y con un grado de homogeneidad bastante  elevado, máxime cuando los partidos de oposición  no parecen en condiciones de ofrecer alternativas radicalmente distintas. Hay un consenso político muy amplio sobre lo que hay que  hacer para que Europa avance, casi al margen de los colores políticos clásicos que dominan en Europa porque los factores que unen son mucho más abundantes que los que separan y dividen.

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