La novedad en esta parte del verano, aun no del todo advertida, es la del renovado y en parte distinto interés de Washington por esta Europa de la crisis. Y dentro de ella, por la España de ahora mismo, con sus insuficiencias por no poder alcanzar y sus deficiencias por haberse equivocado organizativamente en su momento con el propio Estado.
Parece, dentro de este cuadro, de tan inquietante fondo económico, como si del lado norte del mundo atlántico americano se enviara el mensaje de que deben compartirse las reflexiones sobre el cambio y el camino que se busca más allá de este ciclo histórico que declina. Tal y no otro sería el marco de la reciente agenda viajera del secretario norteamericano del Tesoro, Timothy Gether, en sus encuentros con los responsables económicos del Gobierno federal alemán –incluido en este mismo apartado tanto el titular de Finanzas, Wolfang Schaüble, y el responsable del Bundesbank, Jens Weidmann – y con Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), un espacio institucional este satelizado por el imperio gravitatorio, el ordeno y mando, de Berlín.
Aparentemente al menos, poco resultó de cuánto cupo esperar de aquella puntual embajada de la Casa Blanca. El BCE que ahora alerta de una contracción de la economía este año, infiriendo de ello el pronóstico de que la inflación se estabilizará, desde el cálculo de que los precios de la energía se mantendrán equilibrados, no parece haber reparado en la no descartada probabilidad de que una subida de los precios del petróleo originada por un conflicto bélico con Irán, A causa de su programa de desarrollo nuclear – derivable en el acceso a la bomba atómica -, genere como sucedió en 1973 una nueva crisis traumática de los precios del crudo.
Cuando la subida de éstos disparó la inflación y trajo el fin de la década dorada de los años 60 del pasado siglo, por el estancamiento económico envuelto en la inflación de los precios. Con la llamada “estanflación”. Y no es una década dorada por la que ahora transitamos, especialmente en Europa. No sólo por la crisis del Euro, sino por el desmesurado peso político de Alemania, que agrava ésta con el bloqueo de todo cuanto huela a lo que Berlín llama “mutualización” de los recursos disponibles para resolver el grave asunto de la deuda soberana.
Esa contracción de la economía europea de la que alerta el BCE, admitiendo de seguido la posibilidad de un abaratamiento del precio del dinero el próximo septiembre, es dato cuya suficiente consideración política desde una Alemania que enfrenta el estancamiento regresivo de sus exportaciones a Europa, para que lo que podría llamarse presión norteamericana en la Unión Europea se tradujera en un escenario de revisión alemana de sus postulados astringentes hasta la asfixia, entre otros más, para Italia y para España.
En este orden de apreciaciones es de señalar la observación que la delegación de senadores norteamericanos en visita a España, al hilo del intercambio de puntos de vista que telefónicamente tuvieron Mariano Rajoy y Barak Obama. Dijeron los senadores que España había hecho los ajustes necesarios, pero que faltaban otras cosas. Cabe entender que se referían al gasto público derivado del modelo autonómico. Y la cuestión no parece ser otra que la injusta distribución de la carga nacional. La desnutrida sociedad no puede soportar el peso hipertrofiado del Estado Autonómico. Por ahí cruje el modelo.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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