Hace tiempo que Marcello le recomendó a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que se diera una vuelta por los comedores nocturnos y gratuitos en Madrid para entender lo que está ocurriendo en miles de familias españolas que no tienen trabajo ni comida, y están viviendo de la caridad. Y no sólo en Madrid sino en otras muchas ciudades y pueblos de España. Pero la vice no ha ido, ni el Gobierno de Rajoy ha tomado las medidas oportunas para ayudar a los españoles más desfavorecidos, a los que se suele despreciar con el discurso simplón e indecente de que en España hay mucha economía sumergida y que las familias son las encargadas de ayudar a todos sus miembros.
Pues bien, el estallido social, que hasta ahora parecía contenido preso del miedo ambiental y de una asombrosa resignación, está empezando a enseñar los dientes y cuidado con la rebelión de “los miserables” porque son más de los que el Gobierno se piensa y a los que tiene completamente abandonados.
Eso sí, para dar unos indultos a delincuentes condenados y corruptos de Unió y del PP o a los banqueros, o hacer la vista gorda con los “urdangarines”, o con los presidentes de las Cajas de Ahorro “desvalijadas”, el Ejecutivo de Rajoy sí que tiene la manga ancha. Pero para perseguir a los sindicalistas del campo andaluz que, liderados por el diputado regional y alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, han asaltado dos supermercados de Écija y en Arcos de la Frontera, para repartir la comida entre “los miserables” del Sur, para esos sí están campanudos y firmes los ministros de Interior y Justicia, Fernández Díaz y Gallardón (menudo papelón está haciendo el neo ultra Gallardón), dando ordenes sumarísimas a policías y fiscales. Y la cara de vergüenza se le debería caer al presidente de Andalucía, Griñán, para decir cualquier cosa sobre todo esto cuando ha estado amparando a los responsables políticos de los atracos de los ERES de Andalucía, entre los que se encuentra él mismo y por lo que debió dimitir hace ya mucho tiempo.
No estamos aplaudiendo los asaltos a los almacenes ni mucho menos, porque esas acciones están fuera de la ley. Pero la ley ha de ser igual para todos y los dirigentes y gobernantes políticos han se ser ejemplares y aplicar la legalidad a todo el mundo por igual. Y desde luego han de ocuparse de las situaciones graves y desesperadas como las que se empiezan a conocer en este país, mientras el gobierno se toma la escalada de los ajustes sociales como una especie de deporte post olímpico, para satisfacer las exigencias de Merkel, Drahi, y Rehn, sobre objetivos de déficit que nos hunden en la recesión camino de la depresión.
Ahora bien, Sánchez Gordillo colabora con un partido, IU, que hoy día mantiene en el poder andaluz a Griñán y al PSOE, y es por ahí por donde debe comenzar su lucha exigiendo que la Junta de Andalucía sea la que reparta los alimentos a los necesitados en vez de jugar él y su Sindicato Andaluz de Trabajadores al papel de Robin Hood. Porque, hoy día, quien gobierna esa tierra dejada de la mano de la buena política, como es Andalucía, son IU y el PSOE y por mucho que Gordillo vaya a su aire él también está en la complicidad política del desastre andaluz. El que también es de la competencia del Gobierno central de Rajoy y no sólo para el orden y la aplicación de la legalidad. De manera que atentos todos con este doble aviso, porque da la impresión de que el otoño caliente se empieza a adelantar.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Primo González
José Javaloyes
José Luis Ruiz-Navarro
Ramón Tamames
Daniel Martín
Patxi Andion
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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