Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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OPINIÓN

Francia no supo perder y acabó a mamporros

Julián García Candau
 

Era previsible que el España-Francia de baloncesto fuera a cara de perro. Estaba en el ambiente que los españoles deseaban vencer para vengarse de quienes les habían acusado de pisotear la Carta Olímpica dejándose perder con Brasil. Era impensable que los franceses, cuando vieron que el partido se les iba de las manos, la emprendieran a mamporros como si se tratara de una confrontación de lucha libre.

Entre los deportistas españoles hay cierto afán de revancha porque se les ha insultado en los moñigotes de la televisión, se ha dudado de su honradez deportiva y era lógico que desearan vencer.

A los franceses les sentó mal la derrota española porque les caía encima en el cruce. Por lo visto habrían preferido vérselas con Argentina. A fin de cuentas no les convenía ninguna de las dos posibilidades. La española se les acabó atragantando en los dos minutos finales cuando habían tenido durante todo el partido ventajas en el marcador y habían practicado mejor juego.

De salida, a Tony Parker no había quien le parara. Los españoles hicieron un comienzo de encuentro tan malo como los finales ante Gran Bretaña, Rusia y Brasil. Hasta el tercer cuarto no comenzaron a enmendarse e incluso en los minutos finales repitieron los errores en los lanzamientos apresurados y en la falta de marcaje de los franceses que, con mejores tiradores reducían cualquier ventaja española.

Nuestra selección volvió a mostrar carencia en los sistemas, falta de buen juego exterior y ausencia de un perro de presa capaz de  enfrentarse al mejor contrario. Hubo malos porcentajes en los tiros a canasta y nuestro mejor hombre, Pau Gasol, no pasó de los diez puntos. Afortunadamente, los franceses, más acertados en la primera mitad, empezaron a fallar y, con ello, a equilibrar el correcalles en que se convirtió el juego.

Gracias al tercer cuarto, a Francia se le espesaron las ideas y gracias al cuarto perdió el oremus. Los instantes finales tuvieron aspecto de riña callejera. Hubo dos agresiones, una a Rudy y otra a Navarro que los árbitros, naturalmente, pitaron como faltas antideportivas y hubo tiros libres y posesión de balón. Con 58-57 en el marcador los franceses hicieron presión agobiante y, sin embargo, no consiguieron recuperarse en el marcador.

España ganó angustiosamente, pero esta vez en lugar de hundirse en los minutos finales fue capaz de llegar a la victoria. Le salvó la garrea más que el buen juego.

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