Nº 1134 -  21 / V / 2013 
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OPINIÓN

Teléfono sobre la usura política

José Javaloyes
 

¡Qué menos que una charleta telefónica de media hora entre el presidente Obama y Mariano Rajoy después de la fallida gestión del secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Gethner, cerca del Gobierno alemán, vía ministro de Finanzas, Wolfang Schaüble; del mandamás del Bundesbank, Jens Weidmann, y del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi! ¡Qué menos!

El limitado ejercicio de la limitada autonomía de que éste dispone para el ejercicio de sus críticas funciones ante la crisis del Euro, cuando dijo aquello de que se haría lo necesario para que ésta se resolviera, animó a la Casa Blanca para que Geithner indujera una concreción suficiente del equipo de la canciller Merkel sobre tan peliagudo particular, especialmente en lo que corresponde al problema compartido por España e Italia con el explosivo problema de la prima de riesgo.

Un asunto este al que esta señora de las chaquetitas se empeña en dar la espalda con un ejercicio inaceptable e indecente de usura política, ya que eso mismo que agobia en Madrid y Roma se resuelve en caudales de ventaja financiera para la República Federal Alemana, que el año próximo tiene elecciones decisorias sobre la continuidad del poder Gobierno. En un alarde de necedad supina del Liberal Guido Westerwelle, encargado de la cartera de Asuntos Exteriores –torpeza que por si sola bastaría para explicar la mortal pérdida de peso de su partido – llegaba a decir que la dureza de que hace gala Berlín frente a Italia y España se practica para defender los intereses del electorado alemán…

Si la abierta expectativa de que Italia y España pidan un rescate blando – siempre (en el caso español) de que las condiciones en que se concediera resultaran aceptables – no parecen bastar a las propias necesidades políticas de la Administración norteamericana actual, necesitada como está de que la Unión Europea entre en la reactivación económica y con ello, simbióticamente, se beneficie la economía de Estados Unidos por el impacto que ello tendría en sus niveles de empleo; si la senda de prosperidad compartida conviene obviamente a la comunidad atlántica, tiene todo su sentido que el presidente Obama llamara al presidente Rajoy para interesarse sobre cómo la presión ejercida en Alemania por el secretario del Tesoro, ha contribuido a inducir la doble inversión de la tendencia del mercado de la deuda y de las Bolsas. Además, presumiblemente, de informarse sobre las condicionantes planteadas y las inquietudes expresadas por el aliado español, ante Bruselas, en lo referente al rescate enunciado.

Habría que encajar por tanto el diálogo telefónico entre Obama y Rajoy en el tono y características propios de una sólida relación entre Gobiernos aliados, solidez evidenciada en tiempo reciente con la aportación española de la base de Rota al escudo antimisiles. Sin esta referencia contextual posiblemente no hubiera producido, al margen del interés que Barak Obama tiene en el asunto, el capotazo de Geithner, el secretario del Tesoro, con los interlocutores de la República Federal Alemana.

Hay en este particular de la dureza alemana algo muy distinto del supuesto “exceso de solidaridad” a que se refería el titular de Exteriores, el Liberal Westerwelle, como riesgo para la propia Unión Europea. Lo advertido en ello, luego de que el primer incumplimiento del Tratado de Estabilidad por cuenta de Alemania y de la Francia de Chirac, y de que el riesgo asumido en Grecia por los bancos alemanes y franceses es dato que deflacta la supuesta “solidaridad” habida en sus rescates, es un cuadro de insuficiencia moral que deslegitima la severidad y la dureza con que Berlín se ha comportado hasta ahora con Madrid y Roma. Ejecutoria de la que trasunta, con el Bundesbank como instrumento, un indecoroso, insufrible e ilegítimo ejercicio de usura política.

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