Ya tenemos siete medallas en los Juegos de Londres y las siete son pasadas por agua (natación, vela, piragüismo, triatlón y la ya asegurada en waterpolo) y seis se las debemos a mujeres del equipo español. Menos da una piedra y aún quedan algunas esperanzas de mejorar en algo el hasta ahora magro resultado del deporte olímpico español que está resultando muy por debajo de las expectativas y de la posición que a España le corresponde en estas competiciones. Lo que al término de la Olimpiada deberá tener consecuencias y ceses fulminantes, y no sólo de los entrenadores y dirigentes de cada deporte fallido, como ocurrió con Milla en el fútbol, sino también en el Comité Olímpico Español.
Pero de un tiempo a esta parte todo va a juego en este país y poco o nada funciona, ni nadie suele estar en su sitio. El que parece que está haciendo méritos es el Rey –recibiendo ayer en Madrid a los Toxo y Méndez, vestidos de domingueros con corbata-, por eso de la caza del elefante en un momento delicado, las andanzas de Urdangarín y otras fiestas que han dejado este verano el palacio de Marivent cubierto de una cierta tristeza porque ya no están en sus patios ni en sus barcos, los hijos, yernos, nueras y nietos del Rey, como ocurría años atrás.
¿Quién es el máximo responsable del deporte en España? Pues el ministro de Educación, José Ignacio Wert, que será quien tome cartas en el fiasco olímpico, que viene del desbarajuste general de las Universidades españolas, ¡más de 70!, donde parece difícil que se concentre la calidad tanto en los estudios como el deporte. Naturalmente para cosechar medallas hace falta planificar, tener medios y entrenadores de prestigio y apostar por el olimpismo lo que no resulta fácil en los tiempos que corren de crisis económica, y a pesar de que Madrid sigue en carrera para lograr unos Juegos para la capital de España en 2020.
Es verdad que en el fútbol europeo e internacional España brilla de manera especial, como lo hacen Nadal en tenis, Alonso en la Fórmula Uno, Lorenzo en motos, los Gasol en baloncesto y Contador en ciclismo (ahora que se acaba su sanción). Y estos triunfos sí le han dado a España –sobre todo en la Eurocopa 2012- alegrías y consuelo con los que mitigar los disgustos del paro y la economía.
Pero está claro que en las citas olímpicas, y a pesar del eslogan de “lo importante es participar”, España debe mejorar el nivel y no caer en la pretensión de enviar una excesiva delegación –como la de Londres de cerca de 200 atletas- sino ser más selectivos y exigir a los competidores algo más que las marcas mínimas, con el argumento de que así nuestros deportistas se foguean. Mejor que se fogueen en España y que los que viajen a la próxima cita de Brasil lleguen con una excelente preparación, lo que redundará en mejores y más merecidos resultados.
Sobre todo si los Juegos de 2016 se empiezan a preparar a partir del próximo otoño que es lo que debería de hacer el ministro Wert una vez que se estudie lo ocurrido en Londres y se depuren todas las responsabilidades del fracaso, que a buen seguro las hay (y mucha culpa de esto la tiene el concejal Jaime Lissavetzky, el que fue secretario de Estado del Deporte en los tiempos de ese “medio maratoniano”, que ha resultado ser Zapatero). O sea, propósito de enmienda y el tiempo es el primer oro que no se puede perder, ya hemos perdidos bastantes cosas y demasiado tiempo en lo demás y así nos va y así nos fue.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Ignacio del Río
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Mónica Fernández-Aceytuno
Jaime Peñafiel
Javier Pérez Pellón
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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