La teoría económica se basa en el consumidor racional que busca maximizar su utilidad y en el productor racional que desea optimizar su beneficio, pero al final del día, los famosos “mercados” que se invocan como la materialización de esa teoría económica, se manifiestan como irracionales. ¡Qué digo irracionales: neuróticos, paranoicos, psicópatas y apopléticos!
Un tirón en un sentido o en otro, aunque no sea real, no representa la situación real de una economía, se multiplica como una apisonadora desbocada que no se puede parar. Es una avalancha psicológica, un vértigo miedoso, una profecía destructiva que se auto-cumple, “self-fullfilling prophecy” lo llamaba Keynes.
Irracional es el derrotismo en España, un país que sólo ha disminuido en un 0,6 por ciento el P.I.B. Quiere decir que si el año pasado se producía 100, este año se ha producido 99,4 euros. No es para sentirse en la ruina, a menos que la distribución de la renta por segmentos de la población presente unas desigualdades dignas de un sultanato mozárabe.
El turismo, gracias a Dios, ha crecido un 6 por ciento, en Cataluña las exportaciones fabriles también, el país trabaja y funciona, lo que pasa es que hay tremendas deudas por pagar contraídas por los socialistas zapateros en Madrid y montilleros en Barcelona. Hay que pagar los despilfarros de una banda de incompetentes que no saben nada de economía –y casi nada de todo lo demás- para que cobren los proveedores y no tengan que cerrar empresas que trabajan para el sector público.
Irracional es el comportamiento de Cayo Lara apoyando al régimen comunista que queda como muestra de lo que no debe hacerse para desarrollar un país potencialmente rico, como es Cuba. ¿Cómo se puede ser comunista después de Stalin? Pues ya lo ven, como Sartre o como Vázquez M. o como Cayo Lara. Eso sí que es una caverna que se comunica con la extrema derecha en el hormiguero de las dictaduras irracionales.