Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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OPINIÓN

El plan bienal, fantasía y realidad

Primo González
 

La presentación del plan presupuestario bianual para los  dos próximos años que el Gobierno ha remitido la semana pasada a Bruselas acaba de poner en circulación una nueva cifra de alcance estratosférico, los 102.000 millones de euros en que España va a ajustar sus cuentas públicas en el conjunto de estos dos años, incluido el de 2014. Más o menos, la cifra  añade a lo que ya sabíamos unos 50.000 millones de euros, dinero que básicamente recaería en la labor de ajuste pendiente para el año 2014.

Dicen que las cifras lo aguantan todo. Pero  las que estamos viendo exhibir al Gobierno en las últimas semanas requieren algunas condiciones esenciales. La primera, que forman parte de la negociación con  Bruselas para persuadir a las autoridades de la UE de lo acertado de las decisiones y previsiones del Gobierno español, una condición indispensable para  que Bruselas nos ayude a salir de la crisis y a cumplir los objetivos, En  Bruselas empezarán a estudiar  esta misma semana el plan gubernamental de los 102.000 millones de euros para ver si las cifras y las previsiones son creíbles.  A la vuelta de unas pocas semanas tendremos la respuesta.

La segunda condición que  debería adornar a las cifras es la de su credibilidad para el gran público, para los mercados y para los agentes económicos en general. Ya es sabido que la credibilidad de nuestros gobernantes económicos está muy mermada debido a los repetidos tropiezos,  su escasa perspicacia para analizar la  realidad, las numerosas contradicciones en que han incurrido  o  los múltiples  incumplimientos de promesas que nadie las había pedido. De todo  ello hay sobradas muestras en la ejecutoria  del Gobierno Rajoy en lo que a la economía se refiere.

Ahora, con este plan de 102.000 millones de euros de ajuste (ajuste que resulta de sumar aumentos de ingresos y recortes de agosto, es decir, descenso del desequilibrio presupuestario), es lógico preguntarse si hay posibilidades reales de alcanzar tan altas metas sin realizar esfuerzos titánicos o simplemente sin necesidad de  una ayuda exterior de carácter  extraordinario.

Al menos tres de los grandes capítulos del Presupuesto Público no parecen en condiciones de aportar ayudas a ese descenso de 102.000 millones de euros en el desequilibrio  de las cuentas públicas, ya que ni los gastos financieros van a reducirse, ni el coste de las prestaciones por desempleo tiene el aspecto de reducir su cuantía antes de mediados del año 2014 ni la capacidad de recaudación del Estado por el IVA, incluso si el tipo de gravamen se ha elevado en tres puntos desde septiembre de  2012, parece en condiciones de ofrecer una mejoría, mucho menos del  nivel necesario para asumir el peso de la mayor parte del ajuste anunciado de los famosos 102.000 millones de euros.

La cifra del plan bianual es, por ello, poco convincente, posiblemente pasada de voluntarismo y de aplicación muy poco verosímil, incluso si se realiza un ejercicio de simulación que centre la evolución previsible de las cosas en tres o cuatro grandes capítulos, tanto de ingresos como de gastos, del Presupuesto Público. La escasa credibilidad de este nuevo plan de ajuste se complementa con la previsión global de crecimiento de la economía, que no entrará en cifras positivas, en el más benevolente de los supuestos, hasta bien entrado el año 2014. El PIB español caerá este año 2012 y el próximo. Sobre el año 2014 hay muy pocas posibilidades de ofrecer una previsión creíble,  entre otras cosas porque ello dependerá en muy gran medida de lo que suceda en nuestro entorno y en general en la economía mundial. Mucho tendría que reaccionar el PIB español al alza como para hacer creíbles los objetivos esbozados de ajuste presupuestario.  Aunque las cifras lo aguanten todo, al final uno tropieza con la realidad.

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