Mario Draghi y Mario Monti, uno en Fráncfort y el otro en Madrid, pretendieron ayer serenar los mercados y completar el brillante trabajo del primero la semana pasada en Londres cuando anunció que “haría lo que fuera preciso para sostener el euro y que sería suficiente”. La declaración obró un milagro, no dijo nada pero sonó a mucho. Luego las expectativas se han ido desinflando con el paso de los días, con nuevas declaraciones y con preguntas y más preguntas sin respuesta.
El Consejo del BCE y la posterior conferencia de prensa era el escenario esperado para con concretar las palabras de Draghi y su efecto balsámico. Esta vez no funcionó, los comentarios fueron demasiado sutiles, las afirmaciones ambiguas y las medidas concretas brillaron por su ausencia.
En realidad no podía ser de otra manera. El BCE puede llegar a interpretar que el mandato de trabajar para la estabilidad incluye intervenir en los mercados cuando amenazan la estabilidad, pero a la hora de materializar la intervención la cosa se complica y las discrepancias paralizan la acción.
A Mario Monti, tras visitar a Hollande en París y a los exigentes finlandeses en Helsinki, incluida una cita en el Parlamento, y tras no pocas conversaciones discretas con Bruselas, Fráncfort y Berlín le tocaba rematar el trabajo del otro Mario aprovechando su visita a La Moncloa. Lo intentó, con alguna ayuda de Rajoy, pero tampoco funcionó. Las expectativas iban más allá de lo que ambos Marios podían satisfacer.
Mientras no se pronuncie el Tribunal Constitucional alemán sobre el nuevo Fondo de estabilidad (el llamado MEDE) la canciller Merkel no va a dar ningún paso en falso del que arrepentirse a la fuerza. Los procedimiento europeos y el calendario van a su rimo, que no es el que reclaman los mercados. Así que las primas de riesgo siguen disparadas para españoles e italianos, porque los inversores no tienen claro que el BCE y los gobiernos bajo observación vayan a cumplir sus compromisos.
El BCE ha consumido el turno de la reunión y no ha calmado la ansiedad. Para hacerlo tendrá que asumir más riesgos, tendrá no solo que enseñar sus armas, como el cardenal Cisneros, en este caso además de enseñar tendrá que disparar y acreditar que está decidido a pasar de las palabras a los hechos.
Mientras tanto a Rajoy se le nota metido en lo que llama “lío europeo” que va más allá de lo que se le alcanza; dice que viaja mucho, que además dedica la mitad de su tiempo al “lío”, pero con poco aprovechamiento. Monti se escuda en España, dice que no tiene problemas de financiación, que no piensa en eso que llaman “rescate” y puede que sea cierto, porque tiene menos problemas como su colega español, que le escucha y mira lejos.
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