Creíamos, y creíamos bien, que la advertencia de la canciller berlinesa de que no se le molestara durante sus vacaciones italianas, no podía tener otro significado que el peor, ante el esperado desarrollo y la consiguiente explicación del que pareció salvífico mensaje de Mario Draghi. Al decir éste aquello de que el Banco Central Europeo haría lo necesario para preservar el euro.
A España no se olvidaba la desairada indiferencia merkeliana cuando la crisis de los calabacines españoles supuestamente contaminados.Tampoco parece habérsele olvidado a ella las torpezas insignes de Zapatero a propósito de las posibilidades electorales de la misma. También por eso quizá la bota cancillera pisaba ayer, por delegación, todos los callos posibles del “orgullo español”. Obligaba, a través del Bundesbank con su gobernador de hierro, y del ministro alemán de Finanzas, Wolfang Schaüble, a que el presidente del BCE dijera digo donde había dicho diego. Con lo cual, se catapultaba nuevamente la prima de riesgo y regresaba la caída de las Bolsas.
De nada ha servido el esfuerzo norteamericano a través de las gestiones en Alemania del secretario norteamericano del Tesoro para que se nos diera ya el aire que nos falta, por la fatiga económica, social y política tras de las obligaciones cumplidas. Hay que pedir desde Madrid la Inquisición de la contrarreforma económica y financiera bajo el dictado de la papisa berlinesa, recaudadora de algo más que diezmos y primicias de los feligreses del Meridión europeo. España intervenida y el Gobierno detenido y bloqueado. Como una parábola del viento, ayer caía al suelo la gran bandera de España en la Plaza de Colón.
Terrorismo de importación
En esas estábamos ayer cuando saltó la liebre informativa de la detención de un comando de Al Qaeda integrado por un turco casado con morita y dos caucasianos indocumentados presumiblemente chechenos, forjados como es bien sabido en audacias de terrorismo al por mayor contra los rusos. Nada que ver por tanto estos dinamiteros con el género de motivaciones o pretextos entre los que se mueven los otros terrorismos sufridos por los españoles, tanto los de la carcundia clero-nazi-leninista como los otros islamistas colaboradores de los etarras más allá de los campos de entrenamiento libios o yemeníes.
Estos cazados el miércoles en la Línea de la Concepción y Valdepeñas, de tan distinto linaje étnico y tan cumplida diferencia operativa, han estado su tiempo forjándose en el manejo de las alas delta con y sin motor entre los surfistas de Tarifa y los vientos todos del Estrecho de Gibraltar, mezclados entre ociosos, jóvenes y turistas. Obviamente, para en su momento efectuar un ataque con explosivos desde el aire. Pero no contra ninguna de los muchas instalaciones y dependencias militares existentes en la zona gaditana, todas con sus respectivos sistemas de alerta, alarma y vigilancia, sino, necesariamente, contra un objetivo civil dentro de los ámbitos residenciales existentes en esa punta geográfica de España.
Oyes “chechenios”, entrenados en los campos de adiestramiento afganos y paquistaníes, y piensas de inmediato en la bronca mortal que esos caucasianos mantienen con los rusos. Y rusos en verdad sólo están o recalan por esos espacios residenciales de Cádiz y de Málaga aquellos que más destacan entre la nueva clase, económica o política, de la Rusia putiniana. Parece lo más razonable, por tanto, pensar que estos pilotos en ciernes de parapentes motorizados se disponían a remedar a ciertos de los correligionarios suyos, algunos de los cuales también pasaron por el litoral español, y luego se instruyeron en el manejo de aviones por escuelas norteamericanas. Después perpetraron el 11-S. Probablemente, tuvieran en mente hacer otro tanto a la correspondiente escala contra un dirigente político ruso del máximo nivel. Cazándolo en su discreto lugar español de descanso, porque en Moscú es obviamente imposible.