Nº 1139 -  26 / V / 2013 
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OPINIÓN

En espera del señor Draghi y sus circunstancias

Fernando Glez. Urbaneja
 

Mientras Rajoy anda colgado del teléfono y atento a la pantalla olímpica tan esquiva con España, el primer ministro Monti recorre los despachos difíciles en Bruselas, Berlín, Helsinki… defendiendo su causa y la de los países del sur con problemas de reputación y de financiación. Estamos en otra de esas semanas importantes (no recuerdo cuál no lo fue de los dos últimos años)  durante la cual se esperan decisiones europeas que pongan distancia a la recesión y confirmen la última visión de Monti, “una luz al final del túnel”.

Mañana le toca mover pieza al Banco Central Europeo, confirmar la jactanciosa frase de su presidente en Londres la semana pasada, que apaciguó la tormenta financiera. Ahora hay que concretar ¿cómo es eso de que haremos lo que sea preciso en defensa del euro? El socio principal, Alemania, ha mandado recado que entre lo preciso no entra solventar los problemas de deuda de los que gastan más de la cuenta; y, desde luego, que el fondo de estabilidad, el nonato MEDE, no necesita estatuto de banco con licencia para endeudarse mucho más allá de las aportaciones de los socios. En decir que Draghi puede mucho… pero no tanto.

El modelo de decisión europeo es el que es, no hay sorpresas ni misterios,  hay que negociar, consensuar y en muchos casos esperar que el Constitucional alemán o el Parlamento finlandés den el visto bueno. Así están puestos los bolos, puede no gustar, pero ese es el menú. Habrá que cambiarlo, pero lleva su tiempo y su procedimiento.

El BCE tiene que dar una respuesta convincente el jueves, pueden valer más palabras, pero el personal espera algo más, incluso lo que no es posible a estas alturas del verano. Desde Alemania tratan de rebajar las expectativas y Monti pelea para que la rebaja sea asumible. Mañana por la tarde y el viernes los mercados cotizarán la palabra y la obra de Draghi y marcarán tendencia para la próxima semana.

En España el alboroto político sube los decibelios; la sensación de que este no es un país fiable gana posiciones. La pugna autonómica esconde problemas políticos de envergadura. El modelo autonómico, aparentemente federal sin serlo, aparece en el centro del problema, pero lo grave no está en el modelo, les hay semejantes en naciones prósperas que funcionan bien, sino en la ejecución política, en la falta de responsabilidad de los políticos nacionales y autonómicos, que despilfarran y confunden, no por culpa del modelo sino de su mal comportamiento e incompetencia.

Aparentemente se han aplicado  ajustes hasta el hueso (dicen, dándose importancia) pero los desequilibrios presupuestarios siguen en el mismo punto, el déficit no se reduce y las dificultades y riesgos aumentan. El problema no es el rescate (bienvenido será si llega) sino el fracaso previo que obligaría a dar ese paso. Lo ocurrido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del martes es grave; que el presidente del gobierno siga callado y deje para septiembre la conferencia de presidentes es inquietante. La imagen de la orquesta del Titanic puede  ser excesiva, pero es elocuente. Mientras, los portavoces oficiales y oficiosos reiteran que es Draghi el responsable, que ese italiano es el que debe salvarnos. Como dijo Romanones, ¡vaya tropa!

fgu@apmadrid.es

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