Nº 1138 -  25 / V / 2013 
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Universo infinito

Dios aprieta pero no ahoga: Roma no puede ser destruida

Ramón Tamames
 

El pasado jueves 26 de julio, publicábamos en República.com un primer artículo sobre la situación actual de la economía española, y lo encabezábamos con el título, un tanto proveniente de la lidia, “la hora de la verdad”. Y es que, realmente, estamos ante una situación excepcional de nuestra coyuntura, en la que los mercados presionan de forma contundente sobre España; en lo que es una mezcla de especulación ligada a las incertidumbres del euro, y de voracidad para conseguir altos tipos de interés con la deuda ibérica.

Sin embargo, y esa es la razón de la primera parte del título del artículo de hoy, las situaciones más difíciles pueden experimentar cambios hacia una mejoría no siempre tan esperable. Y eso ha sucedido en el caso que nos ocupa, cuando la semana pasada, en su segunda parte, las autoridades del euro, empezaron a verle las orejas al lobo.

En otras palabras, se apreció que si no se presta mayor ayuda a España e Italia en lo tocante a su deuda soberana, todo el complejo edificio de la moneda común podría resquebrajarse. Por la sencilla razón de que una debacle de las dos economías mediterráneas citadas, sería de una gravedad dramática. España e Italia suponen, conjuntamente en torno a un 25 por 100 de la Eurozona; frente a solo el 2 por 100 de Grecia, lo cual da una idea comparativa de la magnitud del eventual daño por la caída de las patrias de Dante Alighieri y Cervantes.

El más adicto en salir en defensa de la referida asistencia financiera, ha sido el Presidente de Francia Monsieur Hollande, en sus continuas conversaciones con la Sra. Merkel y también con Monti; sin perjuicio de haberlo hecho ya hace más tiempo con Rajoy. El nuevo Presidente de la República Francesa tiene claro que el Sur de Europa debe ser atendido, para evitar un colapso en el centro y norte de la propia UE. Si bien es cierto que sus predicas no han alcanzado todavía una eficacia indiscutible, porque Alemania, con tonos diferentes cada día, se resiste a lo que luego veremos.

Pero la verdadera sensación de la semana pasada fue lo que un servidor ha denominado “el sermón de las quince palabras”; debidas al Sr. Draghi Gobernador del Banco Central Europeo (BCE). Solo con asegurar que el BCE pondría todo su esfuerzo en la garantía del euro, sin dudarlo para nada, se consiguió darle la vuelta a una situación más que problemática. Lo cual se reflejó, de inmediato, en los mercados; con fuertes caídas en la prima de riesgo, reducción en el tipo de interés de letras y bonos soberanos, y fuerte alza de la bolsa.

Esa declaración de tan mágicos efectos, tiene en su trastienda los posibles ajustes a realizar por el BCE, y sobre todo la gestión para que los fondos de estabilidad europeos (hoy todavía el FEEF, y mañana el MEDE), aumenten sus competencias; para poder adquirir deuda soberana de los países de la Eurozona (siempre pensando en España e Italia), directamente. Lo que permitiría reducir de forma radical la prima de riesgo, así como los tipos de interés.

Después del sermón de Draghi, se ha producido un hecho importante, cuál es la visita de Timothy Geitener, Secretario del Tesoro USA, que viajó a Europa para dos encuentros importantes: el primero con el Ministro de Economía de Alemania, el Sr. Schaüble, con quien se encontró en la hermosa y diminuta isla alemana del mar del Norte que se llama Sylt, para seguidamente viajar a Fráncfort donde se entrevistó con Draghi. Todo ello para explicar que EE.UU. está sufriendo de manera intensa la crisis de la Eurozona y no levanta cabeza en términos de crecimiento de PIB (por debajo del 2 por 100 anual) ni de creación de empleo; pues todavía se mantiene un nivel de paro del 8,2 por 100 de la población activa. Todo lo cual, significa una presión urgente del socio principal de la comunidad atlántica, ya que Obama presiente que podría caer derrotado en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre frente al republicano Robney.

En definitiva, como estamos viendo, aquí vale lo de “Dios aprieta pero no ahoga”. Pero aún no lo tenemos del todo claro, y cuando se edite este artículo en República.com, hoy jueves 2 de agosto, se estará tratando de resolver la cuestión principal: la ya referida de dotar a los fondos europeos de estabilidad con capacidad operativa muy amplias en los mercados de deuda.

Por lo demás, no puede decirse sobre España aquello de la célebre y bella, aunque dramática canción de entreguerras, titulada “sin novedad, Sra. Baronesa”. Porque realmente sí que hay novedades, y entre ellas las que producen, prácticamente en todas sus reuniones, en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Donde las CC.AA. escuchan las invectivas de Don Cristóbal Montoro –que a veces nos recuerda por su lucha en medio de un proceloso mar de díscolas y levantiscas regiones españolas—, a uno de los capitanes intrépidos de la inolvidable película de ese mismo título, de mi infancia.

Porque Don Cristóbal tiene claro que es preciso cumplir la ley de estabilidad financiera, pero al intentar apretar los tornillos a las distintas comunidades, se encuentra con que Andalucía y Cataluña permanentemente, y Asturias y Canarias con menor vehemencia, rechazan los postulados de estabilidad, que deben traducirse en recortes de gastos de unos semi-estados que no quieren renunciar a repartir prebendas, mantener dispendios impresentables.

Dejaremos aquí la cosa, pendiente de lo que en esta mañana del jueves 2 de agosto, se esté negociando y decidiendo en las instancias europeas ya mencionadas. Lo más seguro es que se llegue a algún acuerdo, si no de máximos, por lo menos de intermedios. Porque el euro está en peligro y aquí podría decirse lo de Don Andrés Torrejón, el célebre alcalde, a quien podríamos parafrasear con aquello de “ciudadanos, el euro está en peligro: ¡acudid a salvarlo!”. Porque desmantelar la Unión Monetaria, equivaldría, se lo dije la pasada semana a Raúl del Pozo y le causó mucha impresión, a la “destrucción de Roma”. Y de ahí, la segunda parte del título del artículo de hoy.

Y como siempre, a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net

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