Nº 1135 -  22 / V / 2013 
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OPINIÓN

Desestabilización interna de la teocracia iraní

José Javaloyes
 

La condena a muerte de cuatro banqueros iraníes, dentro de un sonado proceso por fraude, aflora el más detonante caso de corrupción económica y política habida en la ya dilatada crónica de la República Islámica. Un modelo de poder político centralizado sobre claves religiosas en el que las cuestiones de fondo tienen una doble detonante expresión, propia de la naturaleza teocrática del régimen establecido en su día por la revolución del Imán Jomeini.

Fue aquel suceso de enorme magnitud geopolítica. Al derribar el régimen monárquico del Sha en 1979 quebró el soporte occidentalista de la seguridad en el Golfo del Petróleo. El Estrecho de Ormuz pasó de ser la llave segura que guardaba las fuentes árabes del petróleo, a convertirse en amenaza para el tráfico naval que lleva ese mismo petróleo al mundo industrializado.

Esas condenas a muerte y otras muchas sentencias a diversas penas por el supuesto desfalco de 2.600 millones de dólares, en el que estarían implicados un total de siete bancos, públicos y privados, además de constituir el mayor escándalo iraní desde el establecimiento del actual régimen, es un suceso que hunde sus raíces en las placas tectónicas de la República Islámica de Irán.

Según informa la Agencia Efe, estarían respectivamente enfrentados el bloque ultraortodoxo, nucleado en torno al Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, con su lectura extremadamente rigorista de la versión chií del islamismo, y enfrente, la facción de los tildados de revisionistas, que constituyen la clientela de Mahmud Ahmadineyad, el ya dos veces presidente de la nación, caracterizada por una mayor apertura a los movimientos, expresiones y sensibilidades sociales.

Formarían éstos algo así como una mezcla de quienes votaron a otros presidentes considerados más abiertos, o no votaron a nadie, y de las gentes nucleadas por las dinámicas clientelares, creadas en situaciones políticas y sociales de largo estancamiento de un mismo poder o de un solo personaje en el vértice del sistema.

Habría que hacer quizá, si es que no ha sido hecha ya, una o muchas veces, la sociología de las sociedades islámicas con estructuras variablemente teocráticas, para derivar de ella referencias necesarias cuando se quiera hacer un análisis de los procesos de poder en las mismas, o de las dinámicas de la corrupción económica, social y política como esta que ahora ha sido judicialmente procesada en Irán.

Es lo que faltaba, con la desembocadura de este proceso judicial, a esta manifestación tan principal del chiísmo como es la iraní, el acoso con las armas que se hace en Siria a su variante en el alauismo de los Assad o el terrorismo renovado cíclicamente en Iraq contra las gentes de la Chía por parte de Al Qaeda. Todavía ahora como antes y durante la ocupación militar norteamericana.

Esta desestabilización interna de la teocracia iraní puede ser, con mucho, la expresión de la más grave crisis padecida hasta ahora por la República Islámica. Acaso de mayor profundidad aun que las habidas con ocasión de las dos últimas elecciones presidenciales, por sus respectivos y enormes pucherazos a favor de Ahmadineyad.

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