Los leones de bronce a la puerta del Congreso de Diputados están fundidos con el bronce de los cañones capturados al enemigo durante las guerras de Marruecos, pero eso no significa que nuestro papel en aquellas campañas estuviera a la altura de lo que cabía esperar de una monarquía europea de veinte millones de habitantes frente a unos escasos centenares de miles de rifeños mal pertrechados y anclados social y políticamente en la Edad Media.
No fueron años de gloria para nuestras armas. En julio de 1921 pereció el general Fernández Silvestre, y en la memorable retirada de Annual y Monte Arruit perdimos catorce mil hombres entre muertos, desaparecidos y prisioneros. El desastre de Annual es desde entonces una de las páginas más negras de nuestra historia militar. Fueron necesarios la ayuda de Francia y el desembarco en Alhucemas para acabar con la República del Rif en 1925 y conseguir que Abd-el-Krim se entregase a nuestros aliados.
La desbandada española hacia Annual y Monte Arruit hubiera sido aún mayor sin el comportamiento ejemplar del Regimiento de Cazadores de Alcántara número 14 de Caballería, que cargó una y otra vez contra el enemigo para cubrir la retirada. Las bajas fueron 551 hombres para un total de 717 entre jefes, oficiales y tropa. El coronel Fernando Primo de Rivera recibió la Laureada individual a título póstumo, pero ningún reconocimiento oficial hubo para los demás combatientes, muertos o vivos. Una pena, porque los merecidos honores a los jefes no tienen por qué brillar más en solitario.
Nada hay que objetar a la Laureada del coronel, un oficial literalmente al frente de sus tropas, pero es de justicia acordarse también de los demás héroes cuyos nombres quizá se hayan pedido para siempre. La Laureada no premia la profesionalidad del militar sino su valor heroico, algo que se dará con mayor frecuencia en la primera línea de combate que, con todos los respetos, en la sede de un Estado Mayor.
En las viejas cartillas militares del soldado de reemplazo se anotaban la altura y el peso del recluta, su lugar de nacimientos y algunos datos más, objetivos y acreditados, pero había –ignoro lo que ocurre hoy en el ejército profesional- una curiosa casilla sobre el valor y allí se anotaba algo tan sencillo como “se le supone”. Los soldados del Regimiento de Alcántara número 14 de Caballería demostraron que la “suposición” no iba desencaminada. Bienvenida sea, pues, la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando a esa unidad militar de héroes anónimos.