Han pasado veinte años, pero el recuerdo de la consecución de la medalla de oro en Barcelona 92 es imborrable para todos los que tuvimos la suerte de participar en aquellos Juegos. Había una ilusión muy grande en nuestra selección de fútbol, y eso era lo que imperaba, ya que los jugadores no tenían un incentivo económico, sino que su única motivación era el deseo de hacer un buen papel.
Estaba en el aire el recuerdo del Mundial organizado diez años antes en España, y el objetivo era resarcirse con una gran actuación, lo que se consiguió gracias a que la colaboración de todos los jugadores y técnicos fue impresionante. Con mucha ilusión pero también mucho esfuerzo y sacrificio, porque competir en casa era un factor importante pero una presión añadida.
Sería injusto destacar nombres, porque desde el primero y hasta el último dieron lo mejor de sí. Nuestra palabra era ‘equipo’. A varios jugadores con experiencia les pedí que para ir consolidando el espíritu de equipo les tenía que retirar de la selección absoluta durante algunos partidos para que fueran convocados por la olímpica y su disposición fue la mejor. “Míster, sin problemas. Lo que usted necesite”, me respondieron.
Nosotros también debutamos en Valencia el día antes de la ceremonia inaugural y teníamos otro partido también en Valencia dos días después de la apertura, por lo que en principio no creíamos conveniente acudir a la ceremonia. Pero los jugadores querían ir y estaban muy ilusionados y me insistieron en que no me preocupara, por lo que tuvimos que hacer un sacrificio y decidir que acudieran.
Yo no acudí a Montjuïc porque me quedé trabajando, pero vi la ceremonia por televisión y me pareció maravillosa. Resultaba emocionante ver a los jugadores saludando a la cámara derrochando felicidad. Sabías que tenías una responsabilidad, pero estar en el estadio olímpico era muy importante para ellos y ver la alegría con la que regresaron resultó muy gratificante.
No estuvimos concentrados en la Villa Olímpica porque teníamos la sede en Valencia, y al ser campeones de grupo continuamos en la misma sede en cuartos de final y semifinales. Seguíamos la participación del resto de deportistas españoles, pero te centrabas en tu trabajo y en la competición de fútbol, trabajando a diario analizando los partidos y los rivales.
Éramos conscientes de que nuestro primer objetivo era mantener el control del juego. Y lo conseguimos, desde nuestro debut ante Colombia hasta la final contra Polonia. De hecho, no encajamos goles hasta la final del Camp Nou. El día que ganamos el oro, mi mejor recuerdo es la imagen del estadio abarrotado y lleno de banderas españolas, porque en todos los partidos hubo un ambiente puramente deportivo y se pudo disfrutar del espíritu olímpico.
Fue un gran equipo. Cuando hace cinco años se cumplieron 15 años de la medalla de Barcelona, una firma comercial organizó un acto conmemorativo en Las Rozas y no faltó nadie. Nadie. Eso demuestra que en el 92 se formó un grupo excelente con una relación muy buena entre todos.
Ojalá en Londres pueda repetirse aquel resultado. A día de hoy, España ya no depende de los rivales sino de sí misma, tiene un gran equipo y va a ser la máxima candidata, aunque Brasil e Inglaterra serán dos rivales complicados. Pero España se merece ser favorita y tiene argumentos para volver a colgarse el oro veinte años después.