En realidad nunca se ha ido y siempre estuvo por ahí, pero ahora sus apariciones en público son cada vez mas frecuentes y sonoras y se nos aparece a los españoles como un gurú -el ya tuvo uno en Chile, con el que había bolos por ahí- que lo sabe todo. Estamos hablando, naturalmente, de Felipe González quien ya se lució no hace mucho en TVE de la mano blanca de Ana Pastor y que ayer apareció en la portada de “El País” -el diario gubernamental, por mas que disimule con estos arrebatos- diciendo que “Rajoy está obligado a convocar un gran acuerdo nacional”. Que es lo que en circunstancias como la española suelen decir todos los señorones del “establishment”, campanudos empresarios y poderosos de todo pelaje. ¡Hagamos un pacto de Estado!, ¡un consenso!, ¡los pactos de la Moncloa, en una segunda edición! ¡Por España!
González aparece sin calcetines y sonriente como un buda feliz (“gato negro, gato blanco…) en un arbolado y misterioso entorno que El País no quiere revelar -”en una casa de El Escorial”, dice el periódico- que será de algún ricachón, o el Valdemorillos de “los huerfanitos” de Polanco, o un residencia de Slim, o vaya usted a saber. Y desde ahí alecciona a Rajoy y le dice que le han dado en Bruselas el timo del tocomocho, porque le han cambiado las estampitas de la intervención por 30.000 millones de euros, que para González eso debe ser calderilla, una nimiedad.
Luego nos dice que España es rescatable sin que se hunda el euro, cuando en TVE dijo lo contrario. Naturalmente culpa a Aznar de la burbuja inmobiliaria (ley del suelo) y del déficit de tarifa de las compañías eléctrica, y a Zapatero le da un par de capones pero no mucho mas. Mas adelante nos da un cursillo de política europea e internacional, y llora por la democracia humillada por los fieros y despiadados mercados, lo que está muy bien. Porque ello quiere decir que González se ha arrepentido de sus desmanes a su paso por el Gobierno de España, el crimen de Estado, la corrupción a granel en las altas instituciones del país, la autocracia y patadas a la libertad de expresión. Además le dejó a Aznar una herencia de ruina económica -Solbes en su primera versión, luego repitió la ruina con Zapatero- , que el del PP supo embridar.
Sin embargo, González sigue con la matraca del consenso que es lo que dicen o piden, generalmente, los que están en la oposición, en vez de oponerse al Gobierno como es su obligación. Además el general González debería recordar lo que al parecer le dijo un ministro socialdemócrata alemán de los que, años atrás, se sentó en el Gabinete de Merkel, cuando la gran coalición. González le había dicho al alemán que sería bueno que en España se formara una gran coalición para hacer frente a la crisis, a lo que el teutón le contestó: “eso en España es imposible”. González insistió y le pregunto el por qué, y el alemán concluyó: “porque en España no hay alemanes”.
Es decir que sobre el papel todo es muy sencillo, y hablar sin parar como “la calabaza sonora que es” eso lo hace muy bien Felipe González, pero si tantas ganas tiene de figurar lo que tiene que hacer es volver a la política disputarle el puesto a Chacón y Rubalcaba, ocupar la secretaría general del PSOE, convertirse en líder de la oposición y entonces sí proponerle a Rajoy un pacto de Estado, o una gran coalición en el que González aparezca como el brazo derecho del presidente del PP. Naturalmente ¡por España! Y es que el toreo de salón a los políticos jubilados se les da muy bien. Pero en el ruedo el panorama se ve de otro color.

Pablo Sebastián
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