Llega el primer avión a Castellón

20120717_634781395268211481w.jpg

El artista Juan Ripollés ha culminado este martes con un avión de acero inoxidable su escultura en la entrada del aeropuerto de Castellón, que ha supuesto un sobrecoste de 127.000 euros sobre lo presupuestado y que ha pagado de “los bolsillos” de sus hijos. Así lo ha explicado el artista este martes en la rotonda de acceso al aeropuerto, inaugurado el 25 de marzo de 2011 pero en el que todavía no hay tráfico aéreo, donde ha convocado a la prensa para asistir a la culminación de la gran escultura El hombre avión, de 20 metros de altura.

Ripollés se ha mostrado molesto por las continuas preguntas sobre el supuesto parecido de la escultura con el expresidente de la Diputación y expresidente del PP de Castellón, Carlos Fabra, que fue quien le encargó la obra por estar también al frente de la sociedad pública promotora del aeropuerto, Aerocas.

El artista ha dicho a los periodistas que los parecidos y las comparaciones son fruto de “la mala intención” y de “querer ver lo que no hay”. Según él, la “polémica” surgió después de que un medio de comunicación publicara que la boca de una de las cuatro que componen la escultura se parecía a la de Carlos Fabra.

Ripollés ha aseverado que esto se publicó cuando todavía estaba realizando la base de la escultura y no había iniciado siquiera la parte de la cabeza.

El artista ha afirmado que ha trabajado en esta obra durante dos años y que se han producido retrasos en su culminación por las dificultades de soldar al aire libre y por varios robos que ha sufrido.

Coste de la obra

El presupuesto de la obra es de 300.000 euros, que todavía no ha cobrado y que no ha reclamado, pues la obra está todavía sin terminar, según ha explicado.

Además, ha dicho, ha tenido que pagar de su bolsillo 127.000 euros más de sobrecoste, por los materiales con los que está hecha la escultura, acero inoxidable, cobre y acero corten, y porque el trabajo ha sido totalmente “manual y artesanal”.

Sobre la escultura ha explicado que debía ser de 8 metros e iba a ser colocada junto a los edificios de carga y descarga, pero esa ubicación no le gustó al artista y, tras inspeccionar la zona, eligió la rotonda de entrada.

Sin embargo, ha continuado Ripollés, 8 metros le parecieron pocos a Carlos Fabra para las dimensiones de la rotonda, y él le aseguró que sería de mínimo 20 metros.

Carlos Fabra, ha relatado Ripollés, le dijo que “no habría ni un euro más” de lo previsto para la escultura, pero él le aseguró que sólo pedía “libertad”.