La selección española Sub-19 ha ganado la Eurocopa. Ha repetido triunfo. Es habitual en el podio y en la exhibición del trofeo. En las divisiones inferiores, el fútbol español, ya hace tiempo que se habituó a ganar desde las categorías de dieciséis años. Lo difícil, según se ha demostrado, no es conseguir títulos, sino lograr que los campeones tengan gran futuro.
Todos los componentes de “la Rojita” pertenecen a grandes clubes españoles e incluso extranjeros. Todos tienen marchamo de futbolistas con futuro esplendido. Sin embargo, las propias entidades que fabrican este tipo de campeones no suelen concederles grandes oportunidades.
El problema está siempre en las urgencias. Los clubes de la elite aportan futbolistas jóvenes de quienes se presume que serán grandes figuras. La cruda realidad demuestra que, para ascender a las primeras plantillas, hay con contar con el respaldo de los entrenadores y estos prefieren ir sobre seguro, o lo que es lo mismo, apostar por las figuras, por los jugadores que han costado dinerales el club.
Es natural que algunos requieran adquirir mayor experiencia y es hasta conveniente, en algunos casos, no precipitar su ascenso porque ello puede ser contraproducente. A los entrenadores les sirven todo tipo de argumentos para retrasar la incorporación al primer equipo y suele suceder, que en muchos casos, el jugador se pierde por el camino.
En el Madrid presumen de poseer una cantera que proporciona jugadores a media Liga. Ahora, también traspasa futbolistas que en opinión de muchos técnicos podrían tener sitio en el primer equipo. Pero eso no le va a Mourinho.
En el Barcelona, afortunadamente, han tenido otra política lo que le ha valido para tener en su alineación mayoría de jugadores crecidos en La Masía. Es caso excepcional.
Por poner unos pocos ejemplos, habría que seguir el futuro inmediato de Jesé en el Madrid, Campaña en el Sevilla, Oliver en el Atlético, Alcácer en el Valencia y Deulofeu en el Barça.