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En concreto, los científicos hicieron que los ratones, ante una señal acústica que advertía de la llegada del viento, aprendieran a cerrar los ojos con antelación para evitar las molestias.
La modificación genética previa posibilitó que al activar una proteína concreta en la zona cerebral que recoge y procesa los recuerdos recientes, los ratones olvidaran lo aprendido, obligándoles a tener que volver a seguir el mismo proceso para aprenderlo de nuevo.
“Estamos buscando algo más simple, una sustancia química que permita hacer lo mismo” sin necesidad de modificaciones genéticas, ha avanzado Delgado, que ha explicado que su investigación está pendiente de revisión en la revista Nature Neuroscience para una eventual publicación.
El investigador ha precisado que, más que una cadena corta de proteínas, que no se pueden ingerir en formato de pastilla porque se deterioran en el tubo digestivo, el objetivo pasa por dar con una “molécula mucho más pequeña” que produzca el mismo efecto.
“Al cerebro hay que estudiarlo en vivo y en directo”, cuando funciona en condiciones fisiológicas correctas, y no ‘a posteriori’ cuando ya no alberga actividad, ha reseñado el investigador.
El congreso de la Fens, que cuenta con la colaboración de la Sociedad Española de Neurociencia (Senc), se celebra en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB), y aborda estos días los últimos avances en investigación cerebral.