Nº 1132 -  19 / V / 2013 
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Retablos financieros

El banco malo y los bancos buenos

Primo González
 

Una de las tareas más delicadas a las que tendrán que hacer frente las autoridades españolas y también las europeas en relación con el saneamiento del sector bancario español es la determinación de los cuatro grupos en los que se ha segmentado finalmente, a efectos operativos y de manejo de las ayudas exteriores, la colectividad financiera española. La determinación de las fronteras entre estos cuatro grupos es asunto de gran importancia y va a requerir decisiones delicadas, ya que en función de las decisiones que se tomen habrá en el futuro del sector bancario español bancos subvencionados, bancos castigados a pesar de haber hecho bien las cosas o bancos salvados de la picota en el último momento pero sin garantías suficientes de que en el futuro no vayan a tropezar en la misma piedra. Un mecanismo masivo aunque indiscriminado de inyecciones de recursos públicos tiene, cuando se proyecta sobre un colectivo de entidades, serios problemas de valoración, al no quedar claras cuáles son las ganancias de quienes actuaron bien y cuáles los castigos que recibirán quienes han llevado a sus entidades a un callejón sin salida o directamente al precipicio. En este sentido, la composición y sobre todo la procedencia de los activos de ese famoso “banco malo” que se proyecta será cuestión principal.

Entre las dificultades del momento en lo que atañe a todo esto está la de determinar en qué bancos van a entrar fondos para sanear el balance sin más compromiso que el de preservar su supervivencia, ofreciendo por lo tanto a estas entidades una posición de privilegio respecto a aquellas otras que se van a salvar sin recibir ayudas y que al día siguiente van a confluir en el mercado con el carácter de entidades competidoras. Se pensará que unos no han recibido el castigo merecido y que otros afrontarán el futuro sin los incentivos necesarios para hacer bien las cosas.

Una de las cuestiones que enturbia aún más las comparaciones es el hecho de que las principales entidades financieras afectadas por esta crisis de supervivencia son cajas de ahorros, en las cuales no existe el capital, es decir, no está identificado el dueño del negocio como tal, con la particularidad de que en un buen número de casos, lo más próximo al “propietario” de la caja es un alto directivo que aprovechó la proximidad de la crisis para marcharse a su casa pertrechado con altísimas indemnizaciones, sin parangón en el mundo empresarial español. En los bancos privados, la mala gestión se paga de diversas formas, una de ellas mediante una disminución del dividendo y otra mediante la pérdida de valor de las cotizaciones, hecho que está afectando a la totalidad de los accionistas del sector bancario incluso si su entidad financiera ha hecho las cosas razonablemente bien. No hay más que mirar las cotizaciones bursátiles actuales y compararlas con las existentes hace dos o cuatro años.

Los accionistas de las cajas de ahorros van a ser en el futuro las Fundaciones en que se reconvertirán las cajas de ahorros. Y el futuro de estas entidades, salvo en casos muy contados, se presenta cargado de interrogantes, por lo general muy negros. Como estas fundaciones van a vivir de los dividendos que reciban en el futuro de los bancos en que se han convertido sus actividades financieras, es de suponer que las Fundaciones de las cajas están condenadas, salvo un grupo muy pequeño de ellas, a ser una especie de en entidades fantasmales, sin dinero, con elevados recursos materiales (la obra social y su impresionante activo de inmuebles dedicados a las actividades más diversas de tipo asistencial o cultural, desde asilos hasta bibliotecas, pasando por salas de exposiciones o conferencias,…) y con una capacidad operativa sumamente limitada. Dado el carácter asistencial de este complejo en el que actúan miles de personas, cabe preguntarse cuál va a ser su destino, incluso en el corto plazo.

El trabajo de selección de entidades y de graduación de los problemas así como de la calidad de los activos objeto de tratamiento será una tarea sumamente compleja que, en último extremo, quizás no va a dejar contento a nadie. Hay que tener en cuenta que el sector bancario español es muy poco homogéneo y mucho menos lo ha sido el resultado de su actividad durante esta crisis. Por ello, decidir a qué entidades se ayuda y qué entidades incluso deben desaparecer (si es que se acepta que esta última alternativa forma parte del guión en algún caso extremo) es un ejercicio sumamente delicado y que generará muchas tensiones en el futuro inmediato del sector. No es fácil de explicar por qué la parte menos eficiente del sistema financiero español va a recibir ayudas masivas para tapar sus torpezas, errores y hasta conductas rayanas en lo delictivo.

Opinión

Pablo Sebastián

Fernando Glez. Urbaneja

Josep Borrell

Luis Racionero

Fernando Fernández Román

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