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La investigación se ha realizado en 2.275 pacientes adultos con rinitis alérgica, de los cuales el 50,2 % tenía diagnosticada rinitis persistente y el 49,8 intermitente. Además, en el 97,6 % de los casos los síntomas eran moderados-severos y en el 12,4 % leves. El resultado de este estudio ha demostrado que un 52,8 % tenía mala calidad del sueño y que un 21,1 % sufría somnolencia diurna excesiva.
Asimismo, en la muestra ha habido un ligero predominio de mujeres con una media de edad de 36 años y, para valorar la calidad del sueño se ha utilizado el ‘Índice de Calidad del Sueño de Pittsbursg (PSQI, de sus siglas en inglés) y cuya escala ofrece una puntuación de entre 0 y 24 puntos, considerándose patológica cuando supera los cinco puntos.
Un buen descanso nocturno es una parte esencial del bienestar
Por otra parte, la investigación se ha centrado también en comparar la mala calidad de sueño con los accidentes de tráfico, dado que esta relación es directamente proporcional al número de horas dormidas: a menos horas de sueño, más accidentes. En este sentido, el estudio ha señalado que la frecuencia de accidentes de tráfico previos era mayor en las personas que tenían una mala calidad de sueño, de forma que el 65 % de los pacientes con antecedentes de accidentes de tráfico previos habían tenido o tenían este problema.
Y es que, el sueño ocupa más de la cuarta parte de las vidas y resulta esencial para el funcionamiento normal del organismo y del desarrollo de funciones intelectuales, especialmente en el aprendizaje. Además, un buen descanso nocturno es una parte esencial del bienestar, debido a que existen pocas dudas de que los trastornos del sueño tienen un efecto marcadamente negativo sobre las funciones cognitivas, deteriorando el funcionamiento psicomotor, reduciendo la productividad laboral o el rendimiento escolar y aumentando la probabilidad de sufrir accidentes.
La falta de sueño puede acarrear trastornos psicológicos como, por ejemplo, ansiedad, depresión, cansancio, irritabilidad y malestar general. “Este trabajo plantea nuevos interrogantes sobre la repercusión laboral o escolar de la rinitis alérgica, quizá fruto de la peor calidad del sueño, puntos que no se han tenido en cuenta y cuya repercusión económica es enorme”, ha comentado el jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza y principal investigador del estudio, Carlos Colás.
Por último, la investigación ‘Somniaar’ ha evaluado también los efectos adversos producidos por el uso de antihistamínicos y su efecto en las actividades de la vida diaria. Así, con respecto a los tratamientos que habían recibido los pacientes o que estaban recibiendo en el momento de la consulta, ha destacado la utilización de los antihistamínicos, y de manera casi exclusiva, los de segunda generación.
“La somnolencia que pueden producir estos últimos es muy baja e incluso nula dependiendo del perfil de paciente, de modo que su administración no debe suponer un riesgo para los alérgicos que en cualquier momento quieran o deban conducir. De hecho, sólo el 25,7 % de los encuestados contesto afirmativamente a la pregunta sobre si relacionaba los efectos adversos de su patología con el tratamiento prescrito. Por el contrario, aquellos que se encontraban en tratamiento con alguno de los antihistamínicos no sedantes de segunda generación tenían mejor calidad de sueño”, ha zanjado Colás.