Se le atragantó según ella la tostada del desayuno a la presidenta argentina, cuando vio qué decía El País sobre la intervención de España por la Unión Europea, por recordarle los tiempos en que el Fondo Monetario Internacional intervenía en la marcha económica de la República del Plata, enviándole sus “virreyes” a “decirnos qué teníamos que hacer”. Esto último en concreto es lo genuinamente escandaloso en la referida declaración de la viuda presidenta, y no la destemplada referencia a la alopecia del ministro de Economía y Competitividad, Luis De Guindos, cuya fotografía ilustraba la información periodística referida.
La tostada que realmente tiene atascada desde antes de que su difunto marido la llevara a la política como aventura patrimonial, no es la de la referida noticia sobre las medidas de la Unión Europea que acompañan a los créditos concedidos a España, sino la que ocupa la mente choriza y montonera que vertebró una revolución a principios de los años 70 del pasado siglo, frente a la cual, en el Parlamento argentino, la política civil declinó el poder en una Junta Militar, resuelta al poco en dictadura represora de los desmanes de aquella izquierda hemisférica y totalitaria. Ocurrió todo eso, preciso es recordarlo, en el ápice de la Guerra Fría que forzó la instalación de los regímenes militares allá en el Cono Sur.
Pero lo relevante de todo aquello es que tal guerrillerismo, extendido luego en todo el extenso catálogo guerracivilista, se ha venido a metabolizar ideológica y políticamente en una sopa plural de populismos instalados años después en el poder, y cuyo denominador común es el discurso contra la economía libre, el desprecio de la seguridad jurídica y la enemistad manifiesta contra instituciones económicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y cualquiera otra que oficie como piedra de toque y de mecanismo de alerta frente a los incumplimientos y trapacerías de Gobiernos autoproclamados de izquierdas y resueltos demasiadas veces en descaradas cleptocracias, para sí mismos y para sus colaboradores internos y externos.
Cierto es que algunas izquierdas iberoamericanas, como la brasileña reconducida por Luiz Inácio Lula da Silva, tuvieron el coraje de revisar los dichos postulados de base, concretamente ante el Fondo Monetario Internacional. Desde ello la economía de Brasil se estabilizó y levantó el vuelo, pasándole por derecha a la Argentina kirchneriana y a otras subespecies populistas, encabezadas por la Venezuela del chavismo.
Emblema de la contumacia populista en la empanada ideológica del tardoizquierdismo iberoamericano, sería la política argentina representada ahora por esta Cristina Fernández, antes confundida y atragantada por otras muchas más cosas que por la tostada de su desayuno.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Ignacio del Río
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Mónica Fernández-Aceytuno
Jaime Peñafiel
Javier Pérez Pellón
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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