La muerte de Claudio Carudel, el mejor yóquey que ha habido en los hipódromos españoles, ha servido para recordar una época gloriosa de un espectáculo que tuvo presencia importante en los medios de comunicación, especialmente en prensa y radio, y que el tiempo ha ido arrinconando. Ha sido un recorrido similar en lo que a la atención del público se refiere, al del boxeo. La sociedad, sin que haya campañas en contra del un deporte o determinado espectáculo, se retira y el fenómeno se traduce en la indiferencia general.
Los años en que Carudel triunfaba en La Zarzuela miles de madrileños acudían a presenciar las carreras, El recinto tenía y tiene un monumento arquitectónico, su tribuna con un voladizo que resistió los ataques de la Guerra Civil que le tocó de cerca. Es lo más importante que va quedando de una instalación a la que nadie saca del rincón en el que ha quedado. Fue obra de los arquitectos Arniches y Domínguez y el ingeniero de caminos Eduardo Torroja.
Carudel es nombre importante como lo fueron sus competidores. Cabe recordar a Gelabert y Saugar -este es uno más de la familia de la saga de banderilleros apodados Pirri- y, por supuesto, a hombres y mujeres que lucharon por mantener grandes cuadras. Vilapadierna, Beamonte, el marqués de la Florida, (también fue presidente del Atlético de Madrid) y Antonio Blasco y su esposa Marita Villalonga, dueños de la cuadra Rosales, entre otros, dieron brillo al hipódromo. Eran tiempos que muchos madrileños con poder económico aún veraneaban en la sierra, bajaban a Madrid a las carreras y a cenar en Los Arcos, el restaurante de Félix Fernández, presidente de la Federación de Gimnasia, ex directivo del Real Madrid y conocido como “El chuleta” o al restaurante Wamba, situado en los jardines de la Plaza de Oriente justo delante de la estatua del rey godo.
“Abe de Fuego”, “Chacal”, “Teresa” “Maspalomas”, “Reltaj” y en los tiempos más recientes, “Chamartín” y “El País” fueron caballos históricos en La Zarzuela y con la mayoría consiguió Carudel derrotar a sus grandes adversarios Román Martin y Ceferino Carrasco. Casi mil quinientas carreras ganó Claudio y vivió con tristeza el derrumbe del turf, que fue perdiendo trascendencia y que no ha conseguido ser revitalizado pese a múltiples esfuerzos.
Ramón Mendoza presidió la Sociedad Caballar e intentó revitalizar el hipódromo. Fue el tiempo en que Lorenzo Sanz, su sucesor en la presidencia del Real Madrid, también poseyó cuadra de caballos importante. El último gran intento fue de Enrique Sarasola que dirigió La Zarzuela del 92 al 96. Sarasola, que fue jugador de la Real Sociedad y abandonó el fútbol por la fractura que le causó un central de Osasuna, fue empresario en asuntos españoles e iberoamericanos y fue padre de un deportista hípico. Ni siquiera las noches de fiesta lograron dar nuevo ambiente a La Zarzuela.
El hipódromo estuvo cerrado varios años y no hubo la menor presión social para que reabriera sus puertas. En la reapertura sigue sumido en la indiferencia popular.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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