En la antigua Atenas, la tragedia trataba de personajes míticos cuyas historias eran perfectamente conocidas por el pueblo. Dependía de la maestría de cada dramaturgo el que una obra gustase más o menos. Edipo, por ejemplo, fue protagonista de obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides que renovaban el argumento de acuerdo a las circunstancias de las distintas generaciones a las que pertenecieron.
Así, no puede extrañarnos la nueva pasión de Hollywood por retomar a distintos superhéroes que, a su manera, son los mitos que conforman nuestro actual imaginario. La visión de Christopher Nolan sobre “Batman”, cuya tercera parte nos llegará en breve, es quizás el intento más notorio de reconvertir a un personaje de cómic en un auténtico héroe trágico a la antigua usanza.
Otro personaje que regresa es Spiderman. En las versiones de Sam Raimi se tocó su lado más amable. Sin embargo, en la recién estrenada “The amazing Spiderman” el tono es bastante más dramático que en la trilogía anterior. De nuevo asistimos a la conversión de Peter Parker en héroe a su pesar. Otra vez vemos cómo la muerte de su tío Ben es decisiva para que decida servir al bien. Volvemos a presenciar que la vida de un superhéroe está llena de renuncia, de dolor, de incomprensión.
Este filme, protagonizado por un blandengue Andrew Garfield y dirigida por Marc Webb, se centra en un héroe mucho más humano, frágil, vulnerable. Más allá de las escenas de acción, el largometraje es bastante oscuro en cuanto Spiderman es un personaje que, a pesar del inconsistente final, tiene que renunciar a demasiadas cosas. Otra cosa es que podamos considerar estos mitos superiores o no a sus lejanos antecesores de la tragedia griega.
En Atenas, como espejo deformador de la tragedia, existía la comedia, caracterizada por mostrar una visión vulgar de la realidad ateniense con un humor procaz, soez, tremendamente grosero. En esa línea se sitúa “Carmina o revienta”, el filme de Paco León que pretende parodiar nuestra realidad con unos personajes extremos protagonizados por su madre, su hermana y otros actores que bordan sus trabajos.
El problema de “Carmina o revienta” es que se limita a lo soez. Lejos de la comedia griega, se sitúa en la línea del peor género picaresco de nuestra historia. No hay argumento, no hay tema, no hay nada más que buenas intenciones del director y su troupe. Carmina Barrios y María León están impecables, pero ello no impide que toda la peli tenga un aire amateur, como de trabajo de fin de curso de un alumno de instituto. Lo que choca con las grandes loas que el filme ha recibido por parte de la crítica española, cada día más desnortada.
Así, aunque en las escuelas huyamos de nuestros antepasados en todo lo que no trate de los dioses olímpicos, tampoco andamos tan lejos del espectáculo de la Atenas democrática. Claro que lo que vemos, cual si hubiera pasado por manos de Valle-Inclán, es el reflejo deformado del espejo que conforma nuestra actual decadencia creativa. Aquella que lleva a que el gran gag de una película sea una mujer que se caga al tirarse un pedo o a que los grandes héroes se enfrenten a grandes supervillanos de tebeo. Ahora, en lugar de emocionarnos y sumirnos en un estado de catarsis, nos limitamos a bostezar y movernos, inquietos, en la butaca.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
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