Nº 1163 -  19 / VI / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Draghi desprecia y se mofa de España

Marcello
 

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, siente un profundo desprecio por España y una gran estima por sí mismo y por su país, Italia. Hasta el punto de no entender como España ha podido derrotar a Italia en la final de la Eurocopa 2012, lo que provocó las lágrimas de su fornido delantero centro, Balotelli, al final del encuentro en el que los “azzurri” se llevaron una bonita paliza (4 -0) mientras la afición española desplegada en Kiev les cantaban “Arriverderci Italia”, remedando la inolvidable canción de “Arrivederci Roma” que cantaron Mario Lanza y el magnifico Domenico Modugno. Como a buen seguro lo recordarán tanto el “amo” –así parece- del BCE, Draghi, como su amigo y periodista del diario “La República” de Italia, Eugenio Scalfari, quien acaba de publicar un artículo titulado: “Draghi se acuerda de Balotelli cuando lloraba si se le pregunta por España”.

Ambos han mantenido una amistosa e indiscreta (al ser publicada en el diario italiano) conversación sobre la crisis de la UE, en la que le dan un buen repaso a los españoles a los que –como hace poco ocurrió con un político del entorno de Merkel- nos presentan con tópicos del pasado: “los españoles son muy orgullosos, son hidalgos, te miran a la cara con ojos desafiantes y dan taconazos de rabia si se les devuelve la misma mirada. Tratar con ellos no debe ser fácil”, escribe Scálfari después de escuchar a Draghi decir unas cuantas lindezas sobre las instituciones y el Gobierno de España: “los ministros, los responsables de los bancos, no trabajan juntos y, sobre todo, son muy lentos. Saben que deben  promulgar una ley, firmar un documento, iniciar un procedimiento, pero lo van aplazando y todo permanece inmóvil”.

Acto seguido Draghi se declara asombrado por el hecho de que el Gobierno de Rajoy aún no haya pedido el rescate de los bancos (ayer permanecían enredados en el Eurogrupo sobre todo ello) y aludiendo a España el presidente del BCE dice que “piensa en Balotelli y se acuerda de cuando lloraba”. Como diciendo que los españoles lloran sin cesar a las puertas del BCE pidiendo que se compre deuda española para frenar a los mercados como lo hace el ministro de Exteriores, García-Margallo, pero que luego no toman decisiones.

En que quedamos los españoles ¿son orgullosos hidalgos o unos llorones?, como se decía de Boabdil cuando abandonó Granada, la ciudad encantada por la que sin duda valía la pena llorar. En todo caso de este artículo se desprende algo que a Draghi se le nota demasiado su desprecio por España –país que también paga su sueldo- y su empeño en salvar a Italia a ser posible facilitando el hundimiento español camino no solo del rescate bancario sino también del de la deuda. Ayer mismo, el BCE le quitó a España el sillón que tenía en ese banco para dárselo a Luxemburgo, es gran país (que no llega a los 300.000 habitantes), cuyo representante en el Eurogrupo, el tal Juncker, es otro “chulo” como el tal Draghi, y un chistoso que tiene la gracia donde las avispas.

Lamentablemente no son hidalgos los que gobiernan España sino mas bien altos funcionarios sin gran experiencia en Europa como la tiene Mario Monti, el preferido de Draghi, quien por cierto no ha ganado unas elecciones democráticas, ni hizo mas reformas y ajustes que España, pero es el niño mimado de Merkel, a la que Monti amenaza cada dos por tres con el regreso de Berlusconi a la presidencia del Consejo italiano cada vez que la canciller le crea problemas. Por cierto, parece que escuchando hablar de España a  Monti -quien también hizo duras declaraciones contra nuestro país no hace mucho tiempo- Draghi y Scalfari lo de la Italia de Berlusconi fue del tiempo de los Borgia, y no de solo hace unos meses.

Y si defendemos a España no estamos defendiendo al Gobierno de Rajoy que, desde luego es lento, y parece mas preocupado por su fracaso personal y político–que le caigan encima dos rescates, primero el de la banca y luego el de la deuda- en lugar de preocuparse por el interés general del país, donde ha cometido no pocos errores desde su llegada a la Moncloa, empezando por la escasa calidad de su Gobierno. Pero eso es una cosa, de nuestra política interna, y otra aceptar una invasión de la soberanía nacional española, como lo han hecho en Grecia, Portugal e Irlanda (incluso en Italia imponiendo a Monti), tal y como lo pretenden Draghi y otros eurócratas y países de la UE, encabezados por Alemania que parece empeñada en imponer su hegemonía por encima de todos y de todo y al margen del ideal de la Europa unida y de la solidaridad.

Europa es algo muy importante y por ello no puede consentir que Draghi, este hierático personaje con aires de Buster Keaton, no juegue limpio con España –Italia siempre fue marrullera en el campo de fútbol-, y haga esos soces comentarios despectivos sobre nuestro país en la compañía de un notorio periodista que a buen seguro se quedaría asombrado si desde España se pintara a los italianos con el tópico de “ladrones simpáticos que conviven con los cuervos de la Mafia y los del Vaticano”. Al día de hoy los dos países, España e Italia, de admirables pueblos y cercana Historia, están en el mismo barco de Europa, y del euro, y nadie puede pretender una situación de ventaja ni tener acceso privilegiado a los botes de salvamento de la primera clase, como ocurrió en el Títanic, en el momento del naufragio y como puede ocurrir con Europa si las cosas siguen así.

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