Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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Retablos financieros

Un ‘plan B’ de ayuda a los bancos

Primo González
 

Si la Unión Europea no entrega pronto y sin exigencia del aval del Estado español el dinero necesario para capitalizar la banca española, la crisis de la deuda puede prolongarse en el tiempo unos cuantos meses más, lo que equivaldría a dejar a España a los pies de los caballos. Esa parece ser la evolución más probable si Alemania y algunos de los Estados miembros de la UE persisten en rechazar el apoyo directo del fondo europeo a los bancos españoles, lo que conduce a una situación muy complicada en términos financieros al Estado español, obligado a tomar dinero prestado en el exterior a tipos de interés que hacen inviable la lucha contra el déficit para ajustarlo a los objetivos.

Por mucho que el Gobierno de Rajoy recorte gastos y suba impuestos, rayando la temeridad, la solución de los problemas de la deuda debe tener prioridad absoluta. Lo contrario conduce a España a un sinsentido, ya que no es posible arreglar las cuentas públicas al margen de lo que suceda con los costes de financiación. Y estos están severamente penalizados porque la UE se empeña en considerar que el préstamo de los 100.000 millones de euros para capitalizar la banca española debe ser considerado deuda pública y debe tener prioridad de cobro respecto del resto de la deuda. Esa es la vía que, por desgracia, ha establecido una estrecha e inseparable vinculación entre el crédito a los bancos y la deuda pública común destinada a financiar el déficit del Presupuesto.

Como esta evolución de las cosas es bastante previsible, y mientras Alemania no cambie de posición, lo que tendrá que explorar el Gobierno español es una especie de “plan B”, es decir, ver la posibilidad de reducir al máximo las peticiones de financiación para capitalizar los bancos y si ello fuera posible financiar el déficit de capital mediante mecanismos que no impliquen un recurso a la financiación exterior. Desde luego, nada de los 100.000 millones de euros que se han fijado como límite máximo, cifra en la que casi nadie parece pensar en estos momentos. La reunión que se celebra hoy en el seno del Eurogrupo para fijar al parecer de forma definitiva las condiciones de la ayuda tendrá que aportar una solución definitiva al asunto ya que en caso contrario, el mantenimiento de las indecisiones puede causar daños mayores al conjunto de la economía.

Los consultores que han analizado el sector bancario español han evaluado las necesidades de capital en 60.076 millones de euros, cifra que ha dejado en blanco el casillero de tres entidades (Santander, BBVA y Banco Sabadell), las tres que en principio no van a necesitar dinero. Del resto, las mayores entidades ofrecen balances bastante diferenciados. CaixaBank necesita solamente 3.556 millones, pero Bankia aparece con un déficit de 15.334 millones de euros. El Popular está en los 5.097 millones de euros. Estas necesidades de capital asumen como válido el escenario macroeconómico más adverso (es decir, que la recesión de la economía española alcance un grado de severidad bastante superior al previsible), por lo que se trata de una hipótesis rayana en el catastrofismo, que sólo se entiende si se considera que los autores de las previsiones han de contemplar las hipótesis más variadas, incluidas las que superan con mucho la situación más normal en un cálculo medio de probabilidades.

Por lo tanto, estas tres entidades (que unidas a las tres primeras representan el 75% del sector bancario español) presentan un déficit de unos 24.000 millones de euros en este escenario cercano a la catástrofe. De todo ello puede deducirse que el dramatismo con el que se presenta a veces la crisis del sector financiero español peca de cierto exceso, aunque conviene no olvidar que hay otras entidades, de tamaño medio y pequeño, en las que existen problemas de mayor envergadura, pero que podrían ser objeto de un tratamiento vía fusiones. En todo caso, solamente dos entidades de las que no forman parte del grupo de cabeza ofrecerían serios problemas de viabilidad, las cajas CatalunyaCaixa y NovaCaixa Galicia, con necesidades de capital de 8.905 millones y 7.244 millones de euros respectivamente. Su futuro tendría que pasar por otros mecanismos que quizás no exijan recurso a capitales exteriores, más que si en algunos de estos casos hay solución vía capitales privados, como está intentando desde hace meses la caja gallega.

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