Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

El inspector Clouseau recupera el Código

Marcello
 

Mientras Zapatero hace el indio por Edimburgo intentando batir las marcas deportivas de Aznar, en el palacio de la Moncloa los gritos y los susurros vienen y van, según el estado de ánimo del presidente Rajoy que anda sumido en una depresión ciclotímica, muy propia de ese enfermizo palacio. Cuentan nuestros espías que hay momentos en los que el señor de Pontevedra grita de alegría como si estuviera en el palco oficial de un estadio viendo ganar a la Selección. Y días en los que se tumba en el sofá blanco –que nunca cede a sus visitantes-, sumido en una profunda depresión, mientras hace roscos con el humo del puro que impregna de olor a tabaco de La Habana el despacho presidencial, como en tiempos de Felipe González, porque Rajoy, cuentan, fuma sin cesar.

Ayer lunes fue un día muy bonito porque su amigo el presidente de la Xunta de Galicia, Feijoo, le dejó la gloria y el protagonismo (casi infantil) para devolver el Código Calixtino a la catedral de Santiago como si Rajoy fuera el mismísimo inspector Clouseau, o la persona que descubrió al ladrón y el escondite del Código robado, el que dicho sea de paso se tardó un año en recuperar a pesar que todo el mundo sospechaba del electricista y que el libro estaba a la alcance de la mano. Pero hacían falta unos minutos de gloria para Rajoy –bastante tiene el hombre con la ausencia de Contador en el Tour- porque está el presidente escaso de buenas noticias. Y todavía no sabe que Novacaixagalicia está a punto de saltar por los aires, como Bankia y en vísperas de las elecciones gallegas ¡Señor, qué cruz!

En fin, un paseíto por Santiago y un poco de marisco nunca viene mal, y menos aún en víspera de una semana tremenda, porque las alegrías duran muy poco. Lejos está ya, y solo han pasado diez días, aquella imaginaria copa en Moncloa tras la cumbre europea del 28 y 29 de junio cuando Rajoy –después de haber disimulado su contento ante los medios para no enfadar a Merkel- relató con todo lujo de detalles el órdago que España le dio a la cumbre de la UE tras vetar y bloquear los acuerdos sobre el crecimiento.

Sorayita que se había encaramado de un salto de ranita a un sillón le apremiaba al presidente: “cuenta, cuenta, Mariano, y ¿qué cara puso Merkel?” Pues, “menudo chasco se llevó la teutona”, terció el filipino Moragas, intérprete de ocasión en ratos libres. Y todos al unísono, já, já, já. Y Rajoy, sacando pecho apostilló: “y suerte que tuvo la canciller de no llegar a la final de la Eurocopa de Kiev con España porque la Selección le iba a dar una paliza a Alemania que nunca iban a olvidar; pero tampoco está mal –añadiría Rajoy- que se la lleve la paliza el presumido de Monti, que dice ser el autor de lo ocurrido en la cumbre, cuando todo el mundo sabe que quien de presiona en la UE, porque les tengo tomada la medida –dijo el presidente echando una gran bocanada de humo al techo del despacho- soy yo”.

Acto seguido entra un edecán con un telegrama secreto del CNI y Rajoy se levanta del sofá y abre el mensaje sobre su mesa a ver que pasa por ahí y lee: “nuestros espías de Berlín dicen que hay un pacto secreto entre Merkel y Monti para salvar Italia y hundir a España, y que la canciller viajará pronto a Roma para ultimar la operación”. Al presidente le cambió la color, y todos dejaron el despacho con discreción porque habían visto en su rostro que algo no iba bien.

Posteriormente en la reunión con Aznar en los cursos de verano de FAES Rajoy creemos que le confesaría a su padrino esta gran preocupación: “estamos al borde del rescate, entre dos fuegos: los mercados y Merkel”, parece que musitó el gallego y a Aznar se le endureció el gesto de pocos amigos que lucio por Navacerrada como si se hubiera tragado un bastón. “Falla la política”, a buen seguro que pensó Aznar, empeñado como parece en colocar a Piqué en la vicepresidencia económica del Gobierno y a Arenas en el ministerio de Presidencia y como Portavoz.

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