El diablo en los detalles
Josep Borrell
Publicado el 03-07-2012
Los mercados financieros reaccionaron con fuertes alzas a los resultados del Consejo Europeo de la pasada semana. Lo suelen hacer siempre que, por fin, Alemania cede a las medidas que los demás le piden para salir del apuro. Y esta vez España e Italia pueden decir que han conseguido casi todo lo que pretendían: recapitalización directa de los bancos por los fondos europeos, la pérdida del status “sénior” de los préstamos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM) (es decir que no tendrán prioridad en caso de default) y la posibilidad de que estos fondos compren Deuda pública con una condicionalidad limitada.
Pero esa reacción espasmódica al alza no tiene en cuenta los números cabos que quedan por atar. Y ya se sabe que el diablo se esconde en los detalles o en la letra pequeña de los contratos. Cuando se analice más de cerca lo que el Consejo ha acordado es posible que ese entusiasmo se enfríe, como también ha pasado en anteriores ocasiones.
No se trata de aguar un resultado que va en la buena dirección y que no se hubiera obtenido sin el cambio en la pareja franco-alemana que ha representado la llegada de Holande. Monti y Rajoy han jugado bien sus cartas. Su negativa a aprobar nada, ni siquiera el plan de crecimiento concebido por ellos mismos la víspera en Roma y del que eran los máximos beneficiarios, si no se tomaban medidas para evitar la retroalimentación entre las Deudas públicas y la crisis bancaria por un lado, y para contener los tipos de interés por el otro, tenía toda la lógica económica y política. De nada sirve un plan de crecimiento con efectos en el medio plazo si de forma inmediata no se detiene la asfixia financiera. Como decía en mi última crónica, bajar los tipos de interés es la mejor ayuda al crecimiento, la más inmediata y la más fácil de obtener.
Pero sin la ayuda de Hollande, es decir enfrente de la la pareja Merkozy, es dudoso que hubieran conseguido nada. Lo ocurrido es un buen ejemplo del cambio en la política europea que han generado las elecciones francesas.
Pero volvamos a los detalles. En realidad el único acuerdo que de momento nadie ha cuestionado ha sido la mayor flexibilidad en el plan de ayuda financiera a los bancos. Su recapitalización podrá hacerse directamente desde los fondos de rescate europeos sin tener que pasar por el Estado y evitando así aumentar su Deuda. Eso hacia automáticamente aumentar la prima de riesgo, los mayores intereses exigidos devaluaban los títulos de la Deuda que ya tenían los bancos en sus balances, lo cual empeoraba su situación financiera y aumentaba sus necesidades de recapitalización. Ese círculo vicioso creado por el procedimiento de ayuda podía ser resuelto cambiando el procedimiento como al fin se ha conseguido. No dejara de ser un poco barroco que el ESM acabe siendo el propietario de Bankia y de otros varios bancos europeos, pero no era posible seguir tirándose piedras al propio tejado.
Pero eso solo se podrá hacer cuando se establezca un mecanismo de supervisión unificada de los bancos europeos a través del BCE. Se dice que para finales de este año, pero ya se sabe cuán despacio van las cosas en el palacio de Bruselas. Puede que los bancos y las cajas españoles no puedan esperar tanto. Y mientras no esté funcionando un supervisor bancario europeo, los préstamos a los bancos tendrán que seguir pasando por el Estado, aunque luego se puedan rehacer las cuentas y traspasar el ESM la Deuda pública creada transitoriamente.
Además, como de momento el ESM no existe porque el Tratado que lo crea no ha sido todavía ratificado, los préstamos a los bancos los tendría que dar el actual fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF) que nunca ha tenido el status “sénior” que si tenía el ESM y que ahora se le suprime, aunque según Merkel esa derogación solo se aplicara a la ayuda a los bancos españoles.
Donde hay más vaguedad es en la posibilidad de que los fondos de rescate financien las Deudas públicas de los países en dificultad. Actualmente ya lo pueden hacer pero solo para los países que ya están intervenidos y obligados a un programa de ajustes. Se trataba precisamente de que esas compras de Deuda relajaran los mercados y evitaran la intervención y la fuerte condicionalidad macroeconómica que ello implica. Ahora se ha aceptado el principio pero no se sabe muy bien con qué clase de condicionalidad. Con ninguna más de la que ya venimos aplicando voluntariamente, pedían Rajoy y Monti. Con la misma o parecida a la que se exige cuando se produce una intervención en toda regla, pedían los países más reacios a abrir los cordones de la bolsa de los fondos.
Al final, la declaración es lo suficientemente vaga como para tener que esperar a más precisiones del Eurogrupo en su reunión del próximo día 9 de julio. Pero lo más grave es que algunos países, de vuelta a casa, se lo han pensado mejor y están echando el freno y la marcha atrás.
Es lo que acaba de decir el gobierno finlandés, aunque en realidad ya lo dijo antes de dejar Bruselas. Se opone, y por lo tanto vetará, cualquier compra de Deuda pública en el mercado secundario. Con esta actitud, una de las tres grandes victorias italo españolas se convertiría en letra muerta…
En Alemania también los acuerdos del viernes pasado han creado una gran polémica. La píldora les parece demasiado amarga y los titulares de prensa son elocuentes : “la unión de las Deudas se aproxima”…”el riesgo bancario español transferido al contribuyente alemán”…”hemos salvado a la City y a los bancos parisinos pero Alemania garantiza los bancos de los países del Sur”… Aparte de que algunos académicos opinan que concentrar la política monetaria y la supervisión bancaria en una misma institución puede crear un conflicto de intereses. Y en eso no les falta razón, por un argumento parecido no me pareció en su día adecuado que se le adjudicara al Banco de España la supervisión bancaria. Y a la vista de lo ocurrido quizá no me faltaba razón.
A pesar de todo, Merkel sacó adelante la aprobación parlamentaria de los Tratados sobre disciplina fiscal (llamado “fiscal compact”) y el ESM. Falta ahora que el Tribunal Constitucional los avale rechazando los numerosos recursos presentados. Debe rendir su veredicto la próxima semana y esperemos que sea favorable, con pequeños ajustes al margen. Lo contrario no sería un detalle, sino el parón definitivo de las medidas anticrisis tan laboriosamente concebidas en los últimos meses.
No llegará la sangre al río tan fuerte y tan deprisa, pero se ha empezado a verter mucho agua al vino de los acuerdos del pasado consejo que tanto entusiasmo suscitaron.
Artículo impreso de: Republica.com: http://www.republica.com
URL del artículo: http://www.republica.com/2012/07/03/el-diablo-en-los-detalles_516885/
Click aquí para imprimir.
Copyright © 2013 Republica.com - Diario de opinión e influencia. Todos los derechos reservados.