“Habéis hecho feliz a España”. Lo dijo el Rey en La Zarzuela al recibir a los componentes de la selección española. Ponderó, además, su espíritu de equipo, a lo que no se es muy proclive en este país. El éxito del equipo nacional de fútbol ha tenido la virtud, como suele ocurrir en estos casos, de difuminar los muchos y graves problemas de la sociedad civil. El día que todos nos volvimos a sentir campeones comenzamos a repagar las medicinas, nos subieron los recibos de la luz y el gas y no nos libraron de la prima de riesgo. La Eurocopa también ha ocultado, transitoriamente, la grave coyuntura económica del deporte español y especialmente, el fútbol.
El triunfo de la selección española ha sido vivido con intensidad por la ciudadanía. Incluso gentes que nunca han tenido pasión por el fútbol se sumaron al espíritu general. Los españoles, en época de crisis, en tiempos de tribulación, hemos hecho mudanza psicológica. Nos hemos olvidado de los grandes males para centrarnos en lo poco que nos ha hecho sentirnos felices.
La selección se paseó ayer por Madrid en medio del clamor popular. Las gentes que vieron en televisión el triunfo, récord de más de dieciocho millones de telespectadores, en los domicilios, bares o en los grandes espacios habilitados para juntar a miles de personas ante las pantallas gigantes, vibraron con los goles de Silva, Jordi Alba, Torres y Mata.
El fútbol sirvió de bálsamo el domingo. El lunes continuó el estado de euforia, pero pasado el momento de la satisfacción general volveremos la mirada hacia todo cuanto nos llena de insatisfacción. Y no solamente están centradas las penas en lo más cercano al individuo. También el deporte en general, y el fútbol en particular, viven momentos de pesadumbre.
Las denuncias por impagos ya han llevado al descenso a Tercera a los clubes de Segunda B, Puertollano, Ceuta, Denia, Badajoz y Palencia. Durante el pasado campeonato ya hubo dos casos de desaparición. El Castellón tiene plazo hasta mañana para saber si continuará con vida. En baloncesto, dos clubes que han conseguido el ascenso en las canchas no han podido formar parte de la elite porque no han reunido los dineros de la fianza necesaria. El equipo femenino Ros Casares, el más laureado de España, ha desaparecido tras ganar la Copa de Europa.
Las restricciones a que se ven abocadas las comunidades autónomas y los ayuntamientos han cortado el canal de las subvenciones al deporte. Los clubes profesionales están en difícil situación económica. En la Primera División futbolística las deudas a Hacienda y Seguridad Social en otro tipo de empresas serían razón suficiente para que se aplicara la quiebra.
Tal vez lo más notable de lo ocurrido ha sido el hecho de que la selección de fútbol ha creado estado de patriotismo y respeto por la bandera que no sólo ha ondeado, sino que ha sido como pintura de guerra en los rostros de miles de españoles y españolas. Nos ha faltado ver cantar el himno en el estadio como lo hicieron Buffon y Pirlo y demás jugadores del equipo italiano. El himno sin letra nos impide conocer qué grado de fe patriótica tienen nuestros campeones.