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Consciente de que si no cava un cortafuegos que frene el incendio español su país será el próximo que arrasen las llamas, el primer ministro italiano, Mario Monti, propuso en el G20 una salida: que sean los fondos europeos los que compren deuda de los países más vulnerables sin la condicionalidad para la política económica que supone un rescate. Y eso es lo que Alemania no ha estado nunca dispuesta a aceptar.
A menos que tenga en sus manos todo el control, Angela Merkel no pensaba utilizar la llave de la caja del dinero para aliviar a la Europa periférica. A ella, después de todo, las cosas no le van nada mal, con una rentabilidad de su bono que apenas sube del 1%, lo que hace que financiarse en los mercados de deuda le salga prácticamente gratis, y con unas exportaciones viento en popa gracias a un euro cada vez más devaludado. Por eso, Merkel ha planchado las aspiraciones de Monti y, de rebote, las de Rajoy, que quizá ha confiado demasiado en poder ir a rebufo del italiano y del presidente francés, François Hollande, que ya ha tenido más que de sobra con sacar adelante su paquete de estímulo para el crecimiento.
Lo insólito era que ante una situación de emergencia como la que vive Europa, las tres economías más expuestas al ataque, por no decir extorsión, de los mercados –España, Italia y Francia, por este orden- hubieran sido incapaces de pactar una estrategia común para plantarle cara a la ‘canciller de hierro’, como ya la ha rebautizado la prensa alemana. No hace ni 48 horas que Rajoy aseguraba en una comparecencia parlamentaria, en la sesión de control del Congreso, que estaba trabajando para conseguir que el rescate a la banca no pasara por el Estado y para que hubiera una solución de emergencia para la crisis de la deuda. Lo dijo con convencimiento y, a la vista del bloqueo que ha impuesto junto a Monti, ambos debían llevar la estrategia preparada.
A la cumbre de Bruselas ha llegado un Monti sabedor de que su plan para que los fondos europeos compraran deuda española e italiana en los mercados secundarios sin condiciones de ningún tipo iba a pinchar en hueso. Rajoy, por su parte, ha llegado desesperado o, por lo menos, muy agobiado por los datos que le llegaban sobre la escalada sin freno de la prima de riesgo. Tanto que, antes de entrar en la reunión del Partido Popular Europeo preparatoria del cónclave de los líderes, ha lanzado este llamamiento: “Tenemos que gastar con mesura y con moderación porque, si no, no vamos a poder financiarnos y en estos momentos el precio del crédito a España es evidentemente muy caro y yo creo que la Unión Europea y la Unión Económica y Monetaria tienen que ser consciente de que esto es así y de que alguna decisión habrá que adoptar“.
El presidente del Gobierno ya no ha sido tan entusiasta al hablar de la ayuda directa a los bancos españoles: “Es una posibilidad que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Eso iría dentro de la unión bancaria. Yo supongo que se apuntarán algunas ideas sobre este tema pero no veo que hoy quede eso resuelto de una manera definitiva, pero es una de las posibilidades que están abiertas”. Su prioridad, claramente, era la insostenibilidad del precio de nuestra deuda: “Cualquier otro esfuerzo no sirve de nada si no nos podemos financiar”.
Alemania y sus países afines -Austria, Holanda y Finlandia- se han empeñado en debatir la unión fiscal, uno de los cimientos de la futura Unión Europea, pero esa es una solución a largo plazo que no sirve para responder a una urgencia. De ahí el carácter apremiante de las palabras del jefe del Ejecutivo español y la tensión que tanto él como su colega italiano han trasladado a la cumbre de los líderes europeos.
Finlandia también tiene un plan
Del lado de las posibles alternativas, está la que ha planteado Holanda, que es lo mismo que ninguna puesto que lo único que propone su primer ministro, Mark Rutte, es que sigamos apretándonos el cinturón con más recortes y reformas. Y, además, está la que ha planteado Finlandia, otro fiel aliado de Alemania. Su primer ministro, Jyrki Katainen, defiende como Merkel que la solución a la crisis de deuda pasa sobre todo por recortes en los países con problemas pero ha presentado una propuesta para hacer frente al problema inmediato que se plantea. Consiste en que los dos países, España e Italia, emitan bonos respaldados con activos públicos, por ejemplo patrimonio, ingresos de impuestos que se dirigirían específicamente al servicio de la deuda o capital. Es decir, que hipotequemos nuestros bienes.
Si estas emisiones quedan sin cubrir o si los tipos de interés que pagan España e Italia para colocar estos bonos no bajan, entonces el fondo de rescate intervendría en el mercado primario. “Puede ser una solución que reduzca los tipos de interés de España e Italia, que están en una banda alta en estos momentos”, ha dicho el ministro finlandés de Asuntos Europeos, Alexander Stubb. Y ha explicado que Finlandia pretende hacer propuestas “constructivas” para ayudar a españoles e italianos y no quiere aparecer retratado, junto con Alemania y Países Bajos, como el país del ‘no’. A su juicio, la ventaja de esta propuesta es que “la responsabilidad quedará en el Estado miembro, no hay mutualización de la deuda. Pero si hay problemas hay una posibilidad de respaldo europeo”.
Merkel, mientras tanto, se divierte jugando al ratón y al gato. Este jueves, su europeísta ministro de Finanzas y aspirante a suceder a Jean-Claude Juncker al frente del Eurogrupo, Wolfgang Schäuble, se ha lanzado a decir que si se avanza en la unión fiscal habrá alguna posibilidad de pensar en la implantación de los eurobonos, esa mutualización de la deuda europea que tanto asusta a la canciller. El ministro ha hecho esas declaraciones a The Wall Street Journal e, inmediatamente después, fuentes de la cancillería alemana citadas por Reuters han desmentido sus afirmaciones. Alemania no abordará la creación de eurobonos antes de lo previsto. Y eso tiene un plazo muy largo. El miércoles, durante su comparecencia en el Bundestag, Merkel fue tajante: “Me temo que en la cumbre se hablará mucho sobre mutualizar la deuda y poco sobre mejorar la supervisión y las medidas estructurales (…) Supervisión y responsabilidad tiene que ir de la mano. Sólo puede haber una responsabilidad solidaria en la deuda cuando se tenga el control adecuado”.