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Curiosos presidentes los nuestros

Fernando Glez. Urbaneja

Publicado el 20-06-2012

No deja de tener su gracia, o desgracia, que los dos últimos presidentes Rajoy y Zapatero, tan distintos aparentemente, discurran parecido a la hora de entender y explicar la realidad. Los dos cursaron en el mismo colegio una parte del bachillerato, en León, incluso puede que tuvieron los mismos profesores, dato que merece alguna investigación.

Zapatero se negó durante muchos meses a aceptar que hubiera una crisis; hasta mayo de 2010 no se enteró, cuando iban treinta meses de recesión. Alguien le convenció de que era una crisis pasajera, que con las reservas acumuladas y la baja cota de endeudamiento público (no le hablaron del privado, ni del déficit de balanza de pagos) podía pasar el invierno y esperar que la primavera alumbrara rosales frondosos.  En resumen Mr Chance y los brotes. Zapatero utilizó la caja disponible para reactivar con reparto de cheques, cuando lo recomendable era reforzar la caja para hacer frente al duro invierno. Gastó antes de tiempo y faltó cuando más necesario era. Ni siquiera tiene la disculpa del cálculo electoral; tras los comicios de marzo del 2008 le sobraron meses para cambiar el discurso, especialmente tras la catástrofe financiera de agosto del 2008, cuando preparaba los presupuestos del 2009, que pudieron obrar el milagro de mitigar la crisis en vez de activarla. Miró a otro lado y dejó pasar hasta que en mayo del 2010 los socios le advirtieron de desastre inminente. Entonces salió del mundo feliz, de la ofuscación.

Rajoy va por un camino semejante a pesar de que parecía con más juicio que su antecesor. Se ha embarcado en una batalla nominalista para restar gravedad a la situación sin reparar en la irritación que produce a los socios y el descrédito que acumula en casa. El ministro de Hacienda decía esta mañana en el Congreso que el gobierno no ha aprobado una amnistía fiscal, que es una regularización fiscal. ¡Toma del frasco carrasco! ¿Qué imaginará que piensan los ciudadanos, incluidos sus alumnos?

El Gobierno Rajoy arrancó con espíritu reformista y ahorrador; tomó medidas bien encaminadas durante las primeras semanas, pero con el paso del tiempo se ve que se quedó corto; los agentes económicos están más desaminados que nunca y el gobierno tan extraviado como el anterior. Las últimas declaraciones del presidente insisten en una autosatisfacción que recuerda las afirmaciones de Zapatero. La bobina de comentarios del presidente durante las últimas semanas es decepcionante, lo mismo y lo contrario y un discurso retórico, blandito, aparente que no tranquiliza. Las imágenes del presidente por las cumbres internacionales se parecen mucho a las de Zapatero, como flotando o ausente, buscando conversación con barroso que es con el que se entiende sin intérprete. Las contestaciones a las preguntas de los periodistas son anfibológicas,   que si pero que quizá no o depende. No es eso, pero tampoco lo otro. Y todo con fatiga, con distancia y ausencia de entusiasmo. Curiosos estos presidentes que hemos elegido, cuerpos fríos para tiempos muy intensos.

fgonzalu@nebrija.es


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