El Tesoro sale mañana por uvas, de hecho ya ha salido por cuento la demanda está decidida, con oferta de letras a 12 y 18 meses que deben sustituir a otras letras que se amortizan este mes. La última emisión semejante a la del mes pasado, cortó con un tipo marginal del 3 y 3,4% y con una colocación de 2.100 millones a un año y algo menos de 700 a año y medio. En principio debería ser una colocación tranquila, con sobredemanda de unos inversores que necesitan de ese tipo de títulos a corto plazo.
Pero puede que no sea tranquila si refleja las tensiones y angustias del mercado. No solo porque el precio tendrá que trepar más de un punto, hasta cerca del 5% sino sobre todo porque la demanda puede ser insuficiente. En principio el Tesoro aspira a captar hasta 5.000 millones, y a repetir la operación la próxima semana con títulos más coyunturales, letras a tres y seis meses.
En principio la señal para pensar seriamente en arrojar la toalla y pedir rescate a los socios debe producirse en los mercados de bonos, especialmente en el diez años, que es principal instrumento de financiación de la deuda. En el mercado secundario el “10 años” cotiza al 7,2% que amenaza cualquier hipótesis de recuperación de la normalidad.
El no rescate de los 100.000 millones, que todavía es una hipótesis, ya que el Gobierno español no ha cursado aún la correspondiente solicitud, no ha resuelto nada, por el contrario abona más recelo y abre la puerta a una operación más dramática que no excluye el “default”, como escenario previo y forzoso para abordar ajustes decisivos.
El informe preliminar del FMI ha puesto otro clavo en el ataúd de las reformas Rajoy, por insuficientes y poco efectivas. La tesis de que España es demasiado grande para que caiga es arriesgada puede ser amenaza hueca. Las cuentas públicas siguen siendo inciertas, las medidas adoptadas para aumentar ingresos y reducir gastos no dan los resultados buscados, pueden quedarse a menos de la mitad del objetivo. Y con esos mimbres los socios no van a ayudar sin poner condiciones muy severas.
El problema español no se apellida Grecia, se llama incumplimiento de los compromisos, del anterior Gobierno y del nuevo. El problema es local y no se arregla con la mutualización de la deuda ni con más liquidez del BCE, que en estos momentos sostiene los bancos españoles (e indirectamente la deuda pública) con ¡300.000 millones! Toca cantar la gallina, reconocer la pobreza para que no genere más pobreza. El Tesoro quiere vender letras frescas, no lo tiene fácil, pueden quedarse en la canasta.
fgonzalu@nebrija.es

Pablo Sebastián
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