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Asimismo, Hollande ha retirado su propuesta de mutualizar la deuda de la eurozona y emprender los eurobonos, un proyecto que quedaría relegado a un segundo plano para los próximos diez años. La implementación de un impuesto a las transacciones financieras –tasa ‘Tobin’– y de medidas para la creación de empleo, máxime entre los más jóvenes serían otras de las prioridades para el Gobierno francés. No obstante, Hollande ya ha transmitido el groso de sus ideas a los líderes europeos y al Consejo Europeo en vistas a la cumbre del G-20 en México.
En concreto, el documento, titulado ‘Pacto para el crecimiento europeo’, certifica la petición de Francia de “adoptar medidas de crecimiento de un impacto rápido equivalentes a 120.000 millones de euros”.
Este paquete se desgrana en hasta 55.000 millones de euros en fondos europeos para el desarrollo que todavía no han sido utilizados, unos 4.500 millones en fondos para acometer proyectos de infraestructuras y un máximo de 70.000 millones de euros en inversiones que se canalizarían a través del BEI.
La UE se ha visto inmersa en una dicotomía entre la doctrina germana y la francesa, es decir, austeridad o impulso económico. La victoria de Hollande en las elecciones presidenciales francesas ha propulsado un viraje en la política europea, secundado por el primer ministro italiano, Mario Monti, y por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy; mientras Merkel continúa enrocada en la austeridad y en la disciplina fiscal como el modelo único de salvamento europeo.
Si, si para que luego Francia se lleve todas la ayudas y los demás a verlas venir.