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Su “lamentable” estado de conservación es la razón principal por la que esta “deliciosa” comedia no haya sido más representada en nuestro país, aunque sí lo fue en el pasado verano en una gira que realizó la compañía en Panamá, Bogotá y Santo Domingo, según informa la sala en un comunicado.
La mujer por fuerza pertenece al género de comedias perfeccionado por un irónico y refinado Tirso, poeta del enredo, en piezas como Don Gil de las calzas verdes pero con una gran diferencia, ya que en La mujer por fuerza la protagonista- Finea- se disfraza de hombre para atrapar a un galán que jamás ha visto y al que quiere conquistar.
La trama refleja la creciente desesperación del Conde Federico, a quien se le ofrecen “pruebas” fehacientes de que ha raptado, violado y más tarde abandonado a una mujer que no conoce. Resignado a creer lo que otros le aseguran ha sucedido, pero que sus ojos, memoria, lógica y sentido común le dicen que no ha podido ocurrir, llega incluso a aceptar casarse con el que cree ser un hombre.
Este comportamiento transgresor pone en cuestión las leyes cortesanas a las que están sometidos todos los hombres de esta comedia.
Los personajes se mueven en un contexto disparatado que desemboca en un hilarante enredo de cambio de roles en esta versión del clásico que intenta conseguir un equivalente moderno del impacto que hubiese tenido la pieza en el espectador del siglo XVII.
La compañía de José Maya es habitual de Guindalera y cuenta con un reparto encabezado por Alex Tormo, José Bustos, Alicia Rodríguez, Alicia González, Ana Alonso/Iria Márquez y José Carrasco.
Maya ha desarrollado su trabajo como actor y director desde 1981 con la Compañía de Teatro Clásico Zampanó Teatro, con la que ha realizado 24 montajes y ha rehabilitado el Teatro Pavón como sede de la compañía de la que es director y fundador.
Como director destacan sus montajes de La vida es sueño, La Celestina, Calderón enamorado o El Caballero de Olmedo.
Genial los actores y el montaje. Sin apenas escenografía, te hacen pasar una velada agradable y divertida. Los actores te dan el verso masticado, sin que tengas que esforzarte por entenderlo, y terminas por dejarte llevar sin darte cuenta.
Un pedazo de bombón de Tirso que merece la pena degustar.