Los temas se amontonan en los mostradores de la actualidad. El debate periodístico se traduce en política y los flujos de la política misma dispara las aspas del debate periodístico. Poco añade la primera vuelta de las elecciones parlamentarias francesas – con la ventaja socialista abriendo la base para su eventual mayoría absoluta – al cambio poco menos que copernicano que representó la entrada de Hollande en El Elíseo. Son otras urnas las que arrastran la atención, por cuanto significan para el futuro del zarandeado futuro europeo: las urnas griegas del día 21.
La hipótesis de un Gobierno de concentración, de pacto de los socialistas con la derecha, lanzado al escenario de estas vísperas da muestra muy cumplida de cuánto representan estas elecciones más que anticipadas, por el callejón sin salida a que habían llevado las atomizadas resultantes de los recientes últimos comicios. La profundidad y extensión del problema griego en lo político, por las consecuencias del abismo económico en que se encuentra el país, trae entre otros efectos que el concepto de rescate, que Grecia soporta con Irlanda y Portugal, signifique en términos finales para el debate español, a propósito del crédito convenido de los 100.000 millones de euros para la Banca y de las condiciones en que se soporta, la más indeseada de las referencias como coste político nacional sufragado en términos de soberanía.
Esa pérdida subjetiva y colectiva de libertad nacional, de facultades soberanas, resuelta en la práctica por las durísimas privaciones económicas que las mayorías griegas han de soportar, representa tanto como la negra suerte que antaño suponía esa desaparecida sanción penal de la prisión por deudas. Una amargura infamante y lacerante que carga de lógico revanchismo la esgrima de los votos, entregándolos a los partidos contrarios al sistema democrático desde cualquiera de los extremos de su negación. Todo lo cual, más allá del drama, lo que representa es una nueva versión o un distinto género de la tragedia griega.
En vísperas de lo acordado se hablaba de si vendrían o no los “señores de negro”, símbolos de la intervención económica a costa de las prerrogativas nacionales de los intervenidos. Y tras de lo convenido se vuelve sobre lo mismo, especialmente desde el
momento que se ha hecho saber que el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo verificarán la correcta aplicación de los recursos prestados.
Con lo cual resulta que el color de la indumentaria de los interventores viene a depender del rango y de la extensión de las atribuciones que se les asigna. Señores de negro por antonomasia son los visitantes de la Administración y de las instituciones económicas, pues su misión inspectora alcanza a la entera economía del país. Mientras que los enviados de la Troika que supervisen el caso español vendrán vestidos de gris, más claro o tirando a marengo conforme el peso de la tajada competencial que se les encomiende. No puede ser de otra manera. La nómina de los intervenidos, que lo son porque los socorros globales recibidos están afectados por condiciones globales para la concesión, responde a una muy distinta de tipología de asistencia que la aplicable al caso de los 100.000 millones para los bancos españoles.
Mientras el Nobel Sttiglitz, critica llamando “economía vudú” en los préstamos a los bancos en la Eurozona, por su eventual recombinación perversa en los flujos de éstos a sus respectivos Estados y viceversa, insiste por otro lado en la necesidad de una federalización del crédito en Europa como conclusión del sistema monetario construido, amén del cumplimiento de otras condiciones implícitas en todo proceso de integración de soberanías.
No es ocioso insistir, en fin, que además de corregir el déficit presupuestario en cada uno de los miembros de la Eurozona, es necesario también corregir entre todos el déficit institucional del conjunto, para ensamblar en una coherente unidad de propósito las soberanías integradas en el mismo, abanderado por la común moneda.
Así las cosas no ocurrirían cosas como el hecho aparentemente incongruente de que la prima de riesgo escalara ayer a los 520 puntos. ¿Tan grande es la falta de detalles sobre la ayuda a la banca española, o es que el riesgo que se computa es sobre el propio euro, vista la condición abismal de las elecciones griegas?