“El fútbol es deporte que juegan todos y gana Alemania” dijo Gary Lineker, delantero centro inglés. La frase ha resultado casi lapidaria y se recuerda frecuentemente. El fútbol lo inventaron los ingleses y no ganan casi nunca. Es expresión que también podría quedar en el memorando balompédico porque, igualmente, puede servir en muchas ocasiones. Por ejemplo, en la Eurocopa. Este es torneo en que ha ganado tres veces Alemania, dos Francia y España y en una ocasión, Chequia, Dinamarca. Grecia, Italia, Holanda y la extinta Unión Soviética, no cuenta en su historial con Inglaterra. Claro que en lo que toca a los Mundiales tampoco está en primer plano. Ganó en 1966, en casa y con un arbitraje en la final que nunca quedó suficientemente aclarado.
Compareció Francia que aún conserva gloria y “glamour” aunque en sus alineaciones ya no están Zidane, Deschamps, Thuram, Veira, el propio seleccionador Laurent Blanc, que le dieron brillo. Tiene, no obstante, jugadores que dan alegría al juego como el dramaturgo Ribery o el autor del gol del empate con Inglaterra, Nasri, futbolista del Manchester City.
Francia ofreció más espectacularidad, mejor disposición para practicar fútbol apreciable. Más artesanal y menos directo que el inglés. Se adelantaron los británicos con el gol de Lescott en remate de cabeza, aprovechando un gran lanzamiento de falta de Gerrard. Los franceses hicieron más méritos y se fueron a la caseta con el empate que obliga a ambos a derrotar a Ucrania y Suecia con el mayor número posible de goles para disputarse la primera plaza del grupo, posición que se les supone que les pertenece. Inglaterra jugó sin el sancionado Rooney y ello se notó. Le faltó más decisión en el ataque.
Las selecciones favoritas han tenido comienzo dubitativo. O peor aún en el caso de Holanda, que perdió frente a Dinamarca. Españoles, italianos, franceses, ingleses y polacos no ha comenzado sumando los tres puntos. Las igualadas obligar a no tener otro tropiezo. El modo de justificar las actuaciones del debú es recurrir al argumento de que el primer partido siempre ofrece más inseguridades.
Todas las grandes selecciones se han de someter, antes de jugar el segundo encuentro, a examen profundo de sus debilidades. En el caso de España habrá que meditar sobre la conveniencia de jugar con un delantero legítimo, como Llorente, Negredo y Torres o insistir en un falso ariete como se le llama Cesc en Barcelona y la selección. Parece que gusta más lo auténtico. Del Bosque vio que en la segunda parte el equipo puso más velocidad y penetración por las bandas. Trató de romper el atropellamiento de la zona central con excesivos centrocampistas. El jueves toca Irlanda y es factible modificar el esquema del principio. Sobre todo, porque se comprobó que con el Plan B hubo notable mejoría en el juego.