La cumbre telefónica de los ministros de finanzas (y gobernadores de bancos centrales) del G7 no hizo ningún anuncio decisivo, solo constató que hay problemas y que habrá que resolverlos. Además dejó claro que esos problemas se apellidan Grecia y España. Y además sugirió a los alemanes que se pongan a la tarea de liderar la salida de la crisis europea, que no se les muera el enfermo en la cama mientras acumulan diagnósticos.
Constados esos datos, que no opiniones, en interesante el discurso posterior. En los medios internacionales España ocupa titulares y primeros planos con argumentos muy críticos y exigentes. España como problema. Pero el discurso interno, en los medios (la mayoría tan afín al Gobierno, que incurre en propaganda grosera) discurre por otro razonamiento: el problema es Europa, la escasez es europea.
Rajoy ahora predica lo que descartaba hace pocas semanas. Entonces se alineaba con las posiciones alemanas a pies juntillas, ¡sí, señora!, con la esperanza de que asintiendo ganaría crédito en los mercados. Atribuyen al banquero JP Morgan que a un amigo que le pidió un crédito le dijo que no se lo iba a dar pero que podían pasear por la plaza pública un rato y que seguro que algún otro banquero le otorgaría ese crédito. El efecto compañía. Rajoy pensó que paseando con Merkel ganaría crédito en Alemania y en los mercados. No ha ocurrido, el crédito ahora se gana con excelente desempeño y muy buenos informes. Y de ambos vamos muy cortos; peor aún con la inseguridad de las cifras de déficit, y con la descontrolada crisis bancaria.
Pretender ahora que el problema es Europa puede dar algún rédito interno a corto plazo, puede ir a los titulares afines, pero no contribuye a enfrentar al problema y menos aún a resolverlo. Los eurobonos son punto intermedio o final de un proceso complejo de credibilidad (y tratados), pero no es la solución a corto plazo. Criticar al BCE por insolidario, insensible, puede tranquilizar a algún crédulo, pero es insostenible, sin el BCE el sistema financiero español hubiera colapsado hace meses. Los créditos de barra libre del BCE son los que sostienen el tinglado. De manera que a Draghi hay que llamarle San Mario y tratarle con mucho respeto.
El comentario ligero, vano, del ministro de Hacienda sobre “los hombres de negro” que no van a venir a España, tiene mala explicación, primero porque ya han vendido y segundo porque el Gobierno les está llamando con insistencia y premura. Lo mejor del discurso oficial es la confianza en Europa, lo peor que no reconoce el problema local, que incurre en lo mismo que criticó a Zapatero, andar a tientas y evitar las explicaciones.
Josep Piqué firma un artículo esta mañana en EL PAIS, a la limón con el socialista por libre Jordi Sevilla, titulado “Juntos, mejor” en el que proponen elaborar un “plan estratégico de país” que nadie ha sido capaz de formular. Tienen razón, los españoles tenemos que decidir que queremos ser de más mayores porque ahora vamos como pollos sin cabeza, de fracaso en fracaso, hasta la decadencia merecida.

Pablo Sebastián
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