Voló desde Washington a Madrid para disfrutar de estos cálidos días de junio, de la gastronomía multibérica que se concentra en la capital de Reino y, por supuesto, para empaparse de arte y de cultura. De capital a capital hay, más o menos, 8 horas de vuelo Airbus, así que tuvo tiempo para dejarse seducir por una oferta inesperada: en la plaza de toros de las Ventas se celebran esta semana una serie de corridas bajo el sugerente título del Arte y la Cultura. “Arte, Cultura y Toros”, así con mayúsculas”, debió pensar. Y con apenas unas horas de estancia en nuestra ciudad se sentó en el hirviente granito de su plaza de toros media hora antes de que empezara la corrida, justo en la localidad contigua a la mía. Desplegó su cámara digital Nixon DX y empezó a repartir miradas por doquier. Melissa es su nombre, exquisita en sus gestos, ávida de sensaciones, joven y bella (esa belleza fría e intensa de los rostros con rasgos orientales), prudente y moderada, no perdía detalle de los prolegómenos. Good evening saludé en el inglés de parvulario que me gasto. “Hola”, respondió lacónicamente mi vecina de localidad, sin apartar el ojo del visor de la cámara.
Los prolegómenos de esta feria organizada a tirón, contracorriente, buscando la inercia que la feria de San Isidro pueda ejercer para meter de nuevo en el graderío a los aficionados, los prolegómenos, digo, no pudieron ser más desalentadores. Un poco más de media plaza estaba cubierta cuando los las cuadrillas, con Curro Díaz, César Jiménez y David Mora al frente cruzaban el ruedo en medio de una sofocante calorina. A mi vecina la americana el calorazo le importaba un bledo. Comenzó a tirar fotografías a todo lo que se movía por el ruedo.
Empezó a moverse el primer toro de Valdefresno, vareado de carnes como casi toda la corrida, atablado de anatomía, como corresponde al encaste “atanasio”, del que procede. Llegó muy aplomado a la muleta de Curro, pero aguantó tres tandas con la derecha, desmayadas, de mucho sabor, agitanadas, torerísimas, que hicieron crujir a los tendidos. No de forma unánime, porque ya se sabe que en esta plaza hay media docena que se enfurece cuando presiente el gozo del grueso del personal. Los del “¡que noooooooooó!…” censuraron el aplauso colectivo, y me acordé de la frase de Antonio Machado al advertir acerca de las cerradas ovaciones en las plazas de toros: “…esperad un poco. Cuando el silencio se haya restablecido, veréis indefectiblemente un hombre que se levanta, se lleva dos dedos a la boca y silba con toda la fuerza de sus pulmones. No creáis que este hombre silba al torero…: silba al aplauso” Por eso silbaron a Curro unos pocos mientras el torero saludaba una ovación rotunda. Al cuarto toro le pegaron sin miramientos en el caballo y embistió remolón, evidenciando su bajura de casta, frenándose y, al final, poniéndose a la defensiva. Curro no hizo otra cosa que torearlo con pulcritud.
Todas estas cosas, le parecieron a Melissa simples incongruencias. Me lo dijo en un español forzado, pero perfectamente inteligible, mucho mejor sin duda que mi paupérrimo inglés: “Me parece que es un juego muy dramático. No entiendo qué protestan…” Y menos entendería por qué David Mora no rectificó cuando el segundo toro se le vino vencido por el pitón izquierdo al intentar quitar por chicuelinas. Volteretón con el único daño para el raso y el bordado del calzón. Con este toro, bravuconcete, pero dócil por el pitón izquierdo, César Jiménez toreó encajado en las dos primeras tandas a derechas de la faena, pero apenas le hicieron caso. Y menos aún en el quinto, un camión de 606 kilos que tenía el motor medio gripado y tomaba la muleta sin chispa de casta brava, con una especie de bovina resignación. César resolvió con oficio, pero sin brillantez.
El torero que acaparó las máximas atenciones y más rotundas complacencias fue David Mora. Puso a la gente de pie al saludar de capa al tercer toro. Fueron dos lances y un resbalón ante la cara del “valdefresno”, pero David resolvió la comprometida situación con una larga de rodillas y dos brionesas que dejaron estupefacto al personal. Todos de acuerdo. Incluida Melissa, que dejó la cámara y juntó las manos con timidez, pero con convicción. Después David Mora dejó llegar al toro desde larga distancia y enjaretó tres tandas en redondo con la derecha y dos de naturales, todas ellas de excelente factura, y como se volcó en el morrillo con la espada, se llevó una oreja sin que nadie pusiera excesivos reparos, aunque se dejara oír alguna discrepancia. Ahora bien, para discrepancia, lo del sexto. Fue el toro el clásico “atanasión”, que aprieta en varas pero sale suelto, tal suelto que cuando llegó al tercio final apenas hacía caso de los estímulos muleteros de Mora. Embestía a arreones el de Valdefresno, tragándose los muletazos con el malhumor del niño al que obligan a hacer los deberes. David le buscó las vueltas, y le pegó muletazos por aquí y por allá, aprovechando querencias y remolinos de embestida. Se echó el torero encima de los pitones para matar, colocó una estocada trasera que refrendó con el verduguillo y aquí viene cuando la matan. Mi vecina Melissa me pide explicaciones sobre lo que pasa en lo alto del graderío. Le explico lo del presidente, lo de la oreja y sus consecuencias para la Puerta Grande. Al fin, el presidente saca su pañuelo y el torero brinca de alegría; pero, en verdad, estos triunfos tan discutidos, tan a redopelo, empañan la apoteosis que debe acompañar una salida en hombros en esta plaza. Habrá que ir pensando en abrir esa puerta solamente al torero que conquiste dos orejas de un mismo toro, como ocurre en algunas plazas españolas, y no todas de primera categoría. Que la de Madrid no tenga esta premisa fundamental me parece un desatino.
Y ahora viene la pregunta: ¿Mereció David Mora la oreja del sexto toro y, en consecuencia, su salida en volandas hacia la calle de Alcalá? Honradamente, creo que el torero hizo un supremo esfuerzo; pero toda salida por la Puerta Grande que no vaya acompañada de la apoteosis general, es un clamoreo menor, viciado, tristón.
A Melissa, en cambio le pareció aquello una maravilla. Tan es así que se animó a declarar en voz alta: “Il have really like, than you”. En fin, que estaba entusiasmada. Así que me armé de valor y recabé asistencia idiomática para decirle: “See you soon”. Hasta pronto, Melissa.
Madrid. Feria del Arte y la Cultura. 2ª de abono. Más de media entrada.
Toros: Valdefresno. Desiguales de presentación, en general en el tipo del encaste, bajos de casta, apagados en el último tercio, salvo segundo y tercero. Manso de libro, el sexto.
Toreros: Curro Díaz (de palo rosa y oro), pinchazo y estocada (ovación), estocada (silencio); César Jiménez (de blanco y oro), pinchazo, estocada desprendida y descabello (silencio), más de media estocada (silencio) y David Mora (de manzana y oro), estoconazo trasero (oreja), estocada desprendida y descabello (aviso y oreja con discrepancias). Salió en hombros por la Puerta Grande.