Dejar a RTVE con la presidencia vacante era un ejercicio de irresponsabilidad y algo peor. Es una empresa pública demasiado importante como para dejarla a su aire; y peor aún, convertirla en campo de confrontación partidista, que es uno de sus peores padecimientos. Ante la dificultad del consenso entre los grandes grupos parlamentarios, entre Rajoy y Rubalcaba, indicador de la irresponsabilidad en la que está sumida la alta política, el Gobierno ha simplificado el procedimiento de elección para hacerlo a su voluntad. El Gobierno asume su responsabilidad, y su riesgo, y ha decidido sin consulta ni consenso.
Y en la duda ha optado por un abogado del estado, joven pero sobradamente equipado, que no estaba en ninguna quiniela, y que muy probablemente asume el encargo por sentido de responsabilidad y disciplina de alto funcionario.
Leopoldo González Echenique presenta un recorrido profesional que le otorga méritos suficientes para dirigir RTVE a poco que se rodee de un equipo competente en las áreas de programación, de informativos y de control de gestión. El nuevo presidente cuenta con recorrido por la administración, incluido el ámbito de la sociedad de la información, suficiente para estar al tanto de los problemas. Y además tiene experiencia en empresas privadas exigentes que trabajan con objetivos claros.
No es difícil adivinar que detrás de este nombramiento está la vicepresidenta, responsable de la asignatura, y que hay un buen conocimiento de la persona elegida y de sus capacidades. Quienes conocen al nuevo presidente dicen que es persona educada, que sabe escuchar y que tiene más carácter del que aparenta. Es persona que no gana nada, quizá pierda, con el cambio de actividad, especialmente porque dicen que es poco propicio a las vanidades.
De todas las posibilidades barajadas hasta ahora puede que sea la mejor, la más profesional. El hecho de no contar con la anuencia de la oposición es poco relevante; la oposición va a estar en contra de cualquier presidente, incluso de uno consensuado. Ya ocurrió con los dos anteriores. En este caso el presidente de RTVE va a gozar de un consejo menos beligerante que el anterior, sin dedicación exclusiva y con una función más de asesoría y acompañamiento que de confrontación y ataque. Los consejeros designados son personas con trayectoria, con experiencia y con criterio personal, al menos en los dos casos que conozco: Marisa Ciriza y Fernando Navarrete.
Les toca ahora gestionar recursos escasos, serenar la casa, colocar a los sindicatos en su sitio y poner a trabajar a todo el mundo para hacer una televisión de servicio público, bien administrada, austera, serena y de calidad. Una televisión que no sea un campo de batalla político-partidista, que es lo más parecido a un milagro.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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