Nº 1135 -  22 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

La princesa Soraya triunfa en Washington

Marcello
 

A Cospedal y a Aguirre se las llevan los demonios de la envidia- el primer deporte nacional español, por delante del fútbol- viendo a la princesa Soraya y vicepresidenta del Gobierno triunfando en Washington frente a la directora del FMI, Christine Lagarde, la señora de los collares de perlas a tres vueltas que metió la pata pidiendo a los griegos que paguen impuestos que ella no paga. Aunque la elegante dama francesa que, como dijo en Davos no le caben los problemas del FMI en su bolso de Hermés, ha entrado con buen pie en la capital americana, sustituyendo al insaciable sátiro y lobo feroz de Dominique Strauss Khan, que a buen seguro habría mirado a nuestra vicepresidenta como si fuera Caperucita Roja. Aunque sabido es que doña Soraya no tiene un pase y mal parado habría salido ese feroz de semejante encuentro.

La princesa Soraya se estrena en Washington como embajadora extraordinaria de España ante el FMI y el Gobierno de Obama, llevando sus mensajes de paz y tranquilidad sobre la solvencia y las reformas españolas para hacer frente a la crisis financiera que nos trae de los nervios, y desmintiendo a The Wall Street Journal, el diario del inefable Murdoch y donde ejerce de consejero Aznar, rotativo que había anunciado la llegada de Soraya al FMI para pedir el rescate de España, lo que no era verdad. Y ejerciendo la dama española su primacía política sobre los ministros de Exteriores y de Economía, no en vano ella es la vicepresidenta, la que dejará hoy vacía la silla de la sala de prensa del Consejo de Ministros, y a ver que nos cuenta su sustituto. Pero una Soraya que no cesa de subir en la opinión favorable de los españoles por su esfuerzo y contundencia a la hora de hablar (a ver si aprenden Aguirre, que cada vez que abre el pico sube el pan dos gordas, y Cospedal que decía en Oviedo cual disco rayado lo de “aquí nos jugamos mucho, aquí nos jugamos mucho, aquí nos jugamos mucho”, mareando al personal).

La vicepresidenta Soraya tiene celosas adversarias internas en la cúpula del PP y muchos desafíos por delante. Y uno de ellos urgente de gran envergadura como es el de convencer a Rajoy que los periodistas no muerden y los ciudadanos tampoco, a ver si con eso mejora algo la comunicación del Gobierno y el jefe se acerca con más frecuencia a Casa Manolo a tomar café y algunas de croquetas que Raimundo Castro cocina en la trastienda.

Es verdad que este Gobierno –que debería dejar de hablar del pasado de Zapatero, entre otras cosas porque la bomba expansiva de Bankia es asunto exclusivo del PP- no ha empezado con buen pie, aunque poco a poco parece que va metiendo en cintura a los bancos y las Comunidades Autónomas que son los dos talones de Aquiles de la crisis del país. Aunque los problemas son muchos y variados, y aquí incluidos los déficits democráticos que muchas veces brillan en la oscuridad, como se vio en la conferencia de prensa de Divar, el presidente del Poder Judicial que no quiere contarnos con quien y cuanto se gastó con los dineros“protocolarios” del Consejo del Poder Judicial, considerados alto secreto de Estado (sic).

Lo que prueba la perentoria necesidad de abordar en España una profunda reforma democrática, sobre la que la princesa Soraya debería de reflexionar. Ahí tenemos a Gallardón, el ministro de Justicia que pretendía ser el delfín de Rajoy –a pesar que dijo, con la boca chica, que se iría del Gobierno con Rajoy, como se enterraban con su Dios terrenal los sacerdotes del Faraón- y que no acaba de triunfar en el Gobierno. Ayer, prematuramente, Gallardón dio por cerrado el caso Divar y añadió que “el Parlamento no puede investigar al primer responsable del Poder Judicial por causa de la separación de los poderes del Estado, que incluye nuestra Constitución”, lo que es una falsedad (al ministro de Justicia le hace falta un asesor democrático). El Parlamento representa la soberanía nacional que es el manantial de todo poder y además, en España, no existe la separación de los poderes del Estado. Lo que es peor, al Poder Judicial lo nombra ¡el Parlamento!, por lo que con mas razón ha de responder ante las Cámaras, máxime si hay de por medio un desafuero o una irregularidad.

Al presunto delfín de Rajoy, Gallardón, lo ha superado una brillante y rápida delfina, a la que cortejan en Madrid los mas poderosos del Estado y que ahora se codea en Washington con la élite de la capital ante el asombro de propios y extraños, y para la desgracia de dos ambiciosas damas del PP que ya han tocado techo en sus ínsulas de Barataria, como son Aguirre y Cospedal. La manchega, una acumuladora de cargos (hasta que llegue el gallo Javier Arenas a su corral y le levante el sillón de la secretaría general del PP) que se aburre como una mona en su provinciano cigarral. Y la madrileña que, con tal de salir todos los días en los periódicos, está dispuesta a bajarse el sueldo con el que, según decía ella misma “no llegaba a final de mes”, lo que la obligará a vender La Farola en la puerta del Corte Inglés de Serrano -en competencia con el negrito de Pepe Oneto- para completar su presupuesto familiar. Y mientras tanto la princesa Soraya paseándose por los salones de Washington, y haciendo las Américas a las orillas del caudaloso Potomac.

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