Nº 1662 -  31 / X / 2014 
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OPINIÓN

Caso Divar, o como ciscar todo alrededor

Fernando Glez. Urbaneja
 

La venganza de un vocal del Consejo del Poder Judicial, el agitado profesor Gómez Bermúdez, ha dejado a todo el consejo y lo que le rodea en evidencia, en situación manifiesto de anomia moral y desvergüenza. El presidente del Supremo padecía de autoridad limitada, muy debilitada, ante la mayoría de los magistrados, y ahora carece de la más mínima autoridad, ante los magistrados del Supremo y ante el último oficial de juzgado.

Los viajes caribeños marbellís del presidente del Supremo le acreditan, primero como un vago que no cumple horarios ni jornadas de trabajo, pero además como un descuidado con los dineros del común y un caradura egoísta que ni muestra arrepentimiento ni da explicaciones. Si lo del señor Divar es crítico, lo de los demás miembros del Consejo no es mejor por complicidad activa y pasiva, por falta de respeto a lo que representan y pro desprecio manifiesto a los ciudadanos.

El silencio de los partidos políticos principales les une al cuadro de complicidades. La experiencia de Pascual Estivill debía haber sido suficiente para no volver a elegir personas poco contrastadas o sin un currículum impecable. Los partidos han seguido imponiendo candidatos agradecidos, politizados y con pocos méritos. Desde luego que los veinte consejeros no son los mejores, ni los más respetados.

La gestión del Consejo a lo largo de los últimos años, etapa Divar, con dos jefes de cada facción que dirigen las votaciones y las decisiones, con criterio de reparto de influencia, supone otro dato revelador de la ausencia de ética, de decencia y de respeto a la letra y al espíritu de la ley. Y de nuevo lo más grave es la tolerancia de todo el consejo y del entorno político con un modelo corrupto.

La prima de riesgo que tanto trastornó a Zapatero y que tanto agobia ahora a Rajoy tiene que ver con el endeudamiento, con el déficit, con los ocultamientos presupuestarios y bancarios, pero también con un mal funcionamiento institucional. Un presidente del Tribunal Supremo con el perfil y comportamiento de Divar afecta al rating, debilita el crédito del país.

Así que el Presidente del Supremo en la picota, encerrado en una resistencia numantina para no dar explicaciones ni responder de sus excesos, contando además con el beneplácito del ministro de Justicia que dice que Divar saldrá reforzado del lance. El gobernador y subgobernador del banco de España cuestionados por la mala gestión de la crisis financiera. Y banco y cajas con rating degradado, en muchos casos pro si acaso, a la vista de como está el patio, la reputación de España en los mercados está por los suelos, y tiene difícil recuperación a corto plazo. ¿Cuánto cuesta esa pérdida de prestigio? Miles de millones al Tesoro y a las grandes empresas que se financian en los mercados internacionales y que por ser españolas tiene que pagar entre dos y tres puntos más que sus competidores de otros países que son menos eficiente y solventes. El resumen, catástrofe encima de otra catástrofe.

fgonzalu@nebrija.es

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