Lo que nos faltaba, un conflicto político por causa de la final de la Copa del Rey entre el Barcelona y el Atletic de Bilbao que se celebrará este viernes en el estadio Manzanares del Atlético de Madrid, bajo la presidencia del Príncipe Felipe, por ausencia del Rey don Juan Carlos a causa de su lesión de cadera. La posibilidad de que las hinchadas de ambos equipos utilicen la final para convertirla en un acto de reivindicación nacionalista en pos del independentismo de Cataluña y del País Vasco, con pitos e insultos a La Corona, el Príncipe y al himno de España -que ya veremos si no llega al terreno de juego y a la ceremonia de entrega de la copa y las medallas- ha desatado una polémica de corte político, azuzada por los sectores ultras de este país y de su combo mediático.
Una nueva polémica que ha azuzado y a la que se ha subido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con su demencial petición de que se suspenda el partido o se celebre a puerta cerrada, para evitar un espectáculo deportivo que, por provocador y muy bronquista que parezca con afrentas a España y al Príncipe, incluye el derecho constitucional a la libertad de expresión.
El partido no se puede ni se debe suspender y el Príncipe debe asistir sin la menor excusa y aguantar el chaparrón, como aguantó su padre en Gernika. Y además, como el partido se verá en toda España, está será, a pesar de los pesares, una buena oportunidad para que el Príncipe de Asturias muestre su firmeza, su talante y su responsabilidad en situaciones conflictivas o que le son adversas, por lo que la Corona puede salir reforzada en contra de lo que piensan algunos ultramontanos.
Como la propia Esperanza Aguirre, convertida en la corista furiosa de este cuento –que por supuesto no le llega a los talones a aquella deliciosa corista que interpretó Marilyn- que, con tal de hacerse notar, acaba de hacer una petición anti democrática (menudo liberalismo el suyo) con la que busca una mayor confrontación de la que se plantea antes del partido, lo que no es de extrañar en la habitual línea de actuación de extrema derecha de la presidenta madrileña, que ha vuelto a ser desautorizada por el Gobierno y el PP. Y la que con este nuevo ruido pretende ocultar las que han sido sus muy graves responsabilidades políticas y fracasos en la deuda oculta de la Comunidad de Madrid, en la quiebra de Bankia (caja y banco que ella ha controlado en los últimos años), y en los nuevos datos de la trama de Gürtel en Madrid que ha afectado a su Gobierno, alcaldes y diputados.
Sin olvidar los fracaso de Aguirre en su guerra política perdida en contra de Rajoy y Gallardón, lo que sumado todo ello es motivo más que suficiente para que esta huidiza condesa de Bombay presentara su dimisión y se fuera de la vida política donde lleva demasiado tiempo. Primero quiso evitar que el 11-M se instalara en la Puerta del Sol, luego que las manifestaciones de los sindicatos y otros colectivos no llegaran a dicha plaza, y ahora pretende suprimir la final de la Copa del Rey, con la misma desfachatez con la que en su día increpó al monarca en presencia de otras personas para abogar por su periodista de cabecera y de la extrema derecha el conocido mandril. Ese es el verdadero rostro liberal de la condesa Aguirre, que todos los días se puede comprobar en la manipulación obscena y a su favor en la ruinosa y decadente Telemadrid que no deja de jalear a esta corista de la política que no da pie con bola y que está en contra de la libertad.