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Nadal ha vuelto a ganar en Roma y lo ha hecho tras vencer a su máximo rival, a Djokovic, que el año pasado le arrebató uno sus títulos preferidos. Además, la alegría es doble, porque ha olvidado la mala experiencia de la semana pasada en Madrid recuperando el número dos del mundo, en detrimento del suizo Roger Federer.
Fue un partido complicado para ambos, después de que se aplazase ayer por la lluvia. Y lo fue no solo por el cambio de día que trastocó los planes de uno y otro, si no también porque los mejores tenistas están acostumbrados a disputar cada pelota con el apoyo del público en la grada y esta vez no fue así, teniendo que jugar en una pista semivacía y bajo la amenaza de unas nubes que esta vez dieron tregua.
El encuentro comenzó como se esperaba, con mucha intensidad por parte de los dos jugadores, que jugaban cada punto como si fuese el último desde el fondo de la pista.
De ese intercambio de golpes se benefició Nadal, mucho más sereno que Djokovic en los momentos decisivos. Y es que, el momento clave del partido llegó con un 5-4 en el primer set a favor del serbio, cuando el juez de linea se precipitó al cantar fuera una bola buena y obligó a repetir el punto que podría haber puesto el partido de cara al número uno del mundo. A partir de ahí el serbio se desconcentró y el balear le dio la vuelta al set, que se acabó llevando por 5-7.
El segundo set empezó con toda la presión para Djokovic, que necesitaba darle la vuelta al partido y en unos minutos se vio con un 0-2 en contra a todas luces inesperado, porque había jugado mejor que su rival esos dos juegos y porque los había dejado escapar por un bajón anímico que en una final al mejor de dos sets se paga caro.
A partir de ahí el serbio espabiló y no se rindió, pero el español volvió a sacar fuerzas de flaqueza en los peores momentos, aguantó el chaparrón y acabó poniendo el 3-5 en el marcador con un globo imposible que Djokovic no se podía creer.
Y así, con Djokovic afectado a nivel anímico pero sin perder la fe, llegó el final, con una doble falta del serbio que reflejaba perfectamente lo que había sido el partido y que daba la victoria a la que hasta hace poco era su víctima preferida, Rafa Nadal, que vuelve a reinar en Roma y pierde el miedo por completo al rival que atenazaba sus piernas la temporada pasada.