Nº 1135 -  22 / V / 2013 
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El Manantial

Rajoy corteja a Merkel y desmiente a Hollande

Pablo Sebastián
 

Se puede equivocar Rajoy si corteja el discurso ya desbordado de Merkel en el G-8 de Camp David y desprecia las ayudas a España que propone Hollande, porque el presidente francés está mucho más cerca de las posiciones realistas y de los intereses de España que la obcecada canciller Merkel a la que los hechos de Grecia, España, Italia y otros países, le están quitando la razón. Como no es cierto, en contra de lo que dice Rajoy, que en la UE austeridad y crecimiento estén al mismo nivel, porque hasta ahora no ha sido así y si las cosas están cambiando se debe a Hollande y a Obama Que exigen medidas concretas –que no existían- para favorecer el crecimiento y el empleo, iniciativas a las que se oponía Merkel.

De la misma manera que la canciller no quiere los eurobonos o que se abra el grifo del BCE para ayudar a los países que tienen problemas de deuda pública y privada como España. Por eso la UE le ha impuesto a España unas auditorias sobre la banca, y el Gobierno de Madrid se la ha tragado sin rechistar aunque Rajoy pide que ese modelo se extienda a otros países de la UE, algo de lo que Merkel no ha dicho ni pio.

La foto amable de Rajoy con Merkel en Chicago es una imagen que puede tranquilizar a algunos pero incluye posición ideológica Rajoy de apoyo a Merkel que no está en línea con los intereses de España, ni con la realidad europea y se suma al desconcierto del Gobierno, con la esperanza de que Merkel acepte por fin abrir el grifo financiero del BCE en favor de España, sin que se diga que eso es una intervención de la UE.

De momento, vamos a ver que hacen como actúan los mercados esta semana frente a España, tras el mensaje del crecimiento del G-8, y todos los acontecimientos de los últimos días. Estamos a la espera como a la espera están Rajoy y su Gobierno sumidos en un grave desconcierto porque por un lado quieren que la UE salve el sistema financiero español y por otro temen que se diga que eso es una intervención bajo control UE.

Lo que parece claro es que la confianza en España se ha esfumado por méritos propios (Bankia, déficit nuevo, recesión y mas paro) y críticas ajenas –Monti, Sarkozy, Hollande, Lagarde,-, a las que hay que añadir un cúmulo de mensajes negativos lanzados desde Madrid (Rajoy declaró: “no hay dinero para pagar los servicios públicos; la banca no puede pagar sus deudas ni ofrecer créditos; no habrá soluciones hasta el medio plazo”), lo que abunda en el descrédito e incertidumbre de España.

Por ejemplo, ha dicho Mariano Rajoy en Chicago, poco antes de iniciar su “romántico” paseo en barco con Ángela Merkel que no le piensa pedirle nada a la canciller Merkel sino que le dirá que España ya hizo todo lo que tenía y podía hacer –le falta la subida del IVA- y que ahora le toca el turno a la UE. Y dice esto después de haber pedido el pasado miércoles con cierta angustia la ayuda de la UE frente el ataque de los mercados. Y añadió Rajoy que el presidente de Francia, François Hollande, no sabe nada sobre la situación de la banca española y que, por lo tanto, no hace falta la intervención financiera de la UE –como dijo el viernes el francés- para salvar el sistema financiero español.

Y como prueba de su afirmación nos cuenta Rajoy que el BCE va a investigar a los bancos de España lo que es señal de que nadie se fía de nuestra situación financiera. Por si algo faltara en el drama de la banca hispana, que denunció hace meses el FMI y el Comisario de la UE, Almunia, acaba de estallar Bankia, el cuarto banco nacional y el llamado “sistémico” para la banca española.

Y para confirmar las sospechas sobre la banca española el fiscal general del Estado, Torres Dulce, anuncia que abrirá pesquisas sobre presuntos delitos e irregularidades en los bancos y las cajas de ahorro. Y ¿es capaz de decir en público Rajoy a Hollande –a quien Rajoy visitará el próximo martes en París- que en Francia no saben nada de la banca española?

Solo el temor a la intervención de España por la UE y al fracaso político que ello incluye, está facilitando semejante espectáculo de alarmas y disimulos por este Gobierno del PP y su presidente Rajoy, que no entienden por qué la situación española empeora sin cesar, a pesar de sus ajustes, recortes y reformas, los que por otra parte consolidan la recesión. Y tampoco se entiende por qué Rajoy rechaza la ayuda de la Oposición –Rubalcaba anunció que llamará hoy a Rajoy para ofrecer un pacto de cara a la cumbre de la UE del día 23-, mientras nos hablan del pacto autonómico para el Presupuesto de 2012 como una ¡éxito de Estado!, que no lo es, o de “la transparencia” en el mismo momento que se descubre el déficit oculto de Madrid y Valencia donde gobierna el PP y han elevado el déficit español de 2011 al 8,9 %.

Un nuevo déficit público que ha provocado el envió a Madrid de “inspectores” de la UE para analizar esta nueva situación que el Gobierno dice que está arreglada por arte de magia, y que carece de importancia después de haberse rasgado las vestiduras con la herencia del déficit de Zapatero. Si añadimos el aumento del paro y la recesión veremos que el panorama español es bastante negro y que todo ello espanta a los mercados y los inversores y nos deja a expensas de los “fondos de solidaridad” de la UE a los que hizo mención Hollande para ayudar a la banca española.

El “galleguismo”, disimulos y silencio de Rajoy en España está claro que no conduce a ninguna parte. Pero si lo exporta a Berlín y París, y le ha dicho a Merkel en Chicago algo distinto de lo que piensa decirle el martes a Hollande en París Rajoy se equivocará y entonces será él quien pierda credibilidad. En el debate abierto entre austeridad y crecimiento, no hay empate como dice Rajoy, y España debería optar por el segundo como prioridad, máxime cuando el Gobierno dice que hizo todo lo que podía hacer. Pero el presidente no es precisamente un ejemplo de arrojo, liderazgo y autoridad y pretenderá continuar por el camino de la ambigüedad, y eso en la UE no nos ayudará. Máxime cuando nos acercamos a la zona del rescate, a hora de la verdad.

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