Los que somos de provincias, al vivir en Madrid, descubrimos el contenido de la capitalidad en diversos aspectos. Uno de los más característicos es la existencia de familias de funcionarios que parecen estar ahí desde Felipe II, porque los cargos son inexorablemente para ellos, gobierne el partido que sea.
También descubrimos que hay que ser pilarista para haber conocido a los que suelen mandar porque ese colegio es la ENA de la política española. Se cuenta que publicaban un periódico en ese colegio titulado “Soy Pilarista” y que cuando Fernando Savater pasó por ahí, como lo acaparó con sus colaboraciones lo llamaron “Soy Savater”.
Ahí estaban todos, de los diversos partidos, ahí nacen las élites madrileñas. Ignoro a qué colegio fue el inefable Mafo que acaba de ser ridiculizado por los europeos y regañado por el PP por su inoperancia en el Banco de España. ¿Quién lo nombró? Que lo defienda ahora. El listo era Pafo, éste ha brujuleado y medrado con los socialistas como podía haberlo hecho en otro partido.
Es un ejemplo de estas familias funcionariales que conocen los entresijos del estado y están siempre en ellos. No son censurables, al contrario, son muy necesarios porque una burocracia ilustrada es lo que Weber auguraba para las sociedades avanzadas. Ahora bien, hay unos mejores que otros y peores también. Creo que Mafo es de los últimos y no por lo de Bankia, que es el broche de oro de su oprobio, sino porque no supo ni quiso intervenir para detener la burbuja inmobiliaria.
Cuando estudié economía nos hablaron del coeficiente de liquidez que todo banco debía mantener como contrapeso y garantía del dinero bancario que generaba por medio de créditos. Si se subía ese coeficiente, el crédito se restringía y si bajaba se aumentaba. Creo que 20 por ciento era un coeficiente normal. ¿Qué coeficiente aplicaban los bancos que daban hipotecas por el 120 por ciento del valor de tasación de los inmuebles? ¿Y por qué el Banco de España no impuso coeficientes adecuados para frenar la burbuja?
Que cada cual cargue con sus responsabilidades morales aunque se vayan de rositas.