Nº 1131 -  18 / V / 2013 
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OPINIÓN

Los borrones económicos del PP

Primo González
 

La buena noticia de que al fin el Gobierno lograba la colaboración de las Autonomías para encarrilar el que posiblemente es nuestro principal problema económico y financiero actual, con un pacto de recorte del déficit  de 18.000 millones de euros, ha tenido efectos muy  efímeros. Duró menos de un día. La desventura vino de la mano de dos  Autonomías del PP, Madrid y Valencia, responsables de la aparición de un déficit hasta ahora oculto que supera en conjunto los 3.000 millones de euros.  Son dos borrones en el cuaderno de viaje del partido conservador que nos gobierna, que de momento acaban con el monopolio que exhibía con tanto merecimiento el PSOE a la hora de desvirtuar la triste realidad económica. Esta inesperada corrección contable, al parecer forzada por la Intervención del Estado, obliga a revisar las cifras, en  principio consideradas definitivas, enviadas a Bruselas hace pocas semanas, en las que se  cifraba el déficit  público del año  2011 en el 8,5% del PIB en vez del 6% que había comprometido el Gobierno anterior.

Las revisión del viernes eleva en unos 4.000  millones el déficit público del año 2011, es decir, un 8,9% del PIB. Si  hasta ahora se endosaba al PSOE la responsabilidad de los 2,5 puntos  de mayor déficit en el año 2011, ahora el PP se presenta al concurso de los despropósitos con  0,4 puntos adicionales. Para el poco tiempo que llevan gobernando, el añadido es un roto considerable. Con la particularidad de que  tiene un tufo raro, ya que cuatro meses después de cerrado el ejercicio fiscal  debería ser un plazo ya agotado para no seguir encontrando facturas mal clasificadas, excusa que al parecer se está manejando para explicar el desaguisado.

Ha sido, con pocas posibilidades de duda, el mayor golpe a nuestra credibilidad desde hace unos cuantos meses, posiblemente el más grave de la  época Rajoy, apenas cinco meses gobernando a golpe de  sinceridades y de  “hacer lo que hay que  hacer”, pero que ni han resultado tan sinceras ni tan eficientes como se le suponía al líder de la derecha, que ahora tiene pocas posibilidades de  arroparse con el monopolio de la sinceridad y de la austeridad.

¿Cómo es posible un desajuste de estas dimensiones, máxime en una autonomía como la de Madrid, autoproclamada como una de las campeonas en la lucha contra el déficit no sólo en el plano de la entronización  de los principios sino en la realidad de las cifras, entre las más bajas de las comunidades autónomas españolas? Las explicaciones dadas a conocer en las últimas horas apenas resultan convincentes. Está claro que al tratarse de un desfase inesperado de  casi 2.100 millones de euros (nada menos que el doble de lo que ya estaba anunciado) tiene que ser un asunto de mayor cuantía, ya que representa poco más del 1% del PIB de la Comunidad Autónoma. Por estas minucias se suelen presentar dimisiones o se ejecutan ceses fulminantes. De momento, nada de nada.

Con el destape de los  3.000 a 4.000 millones (la cifra exacta  varía según las versiones, aunque en el caso de Madrid, de casi 2.100 millones,  parece bastante atinada a la nueva realidad), el Gobierno se coloca en una posición dificultosa. No ya porque no maneja cifras creíbles de cara al exterior sino porque  no controla los centros motores del gasto ni de la contabilidad pública.  Tampoco, como resulta evidente, la permanencia en sus puestos de los autores del desaguisado, quienes al parecer no responden ante el Gobierno de la nación sino ante sí mismos.  Esta semana llegan a España de nuevo los inspectores de la UE, interesados por conocer el motivo de los descuadres, por lo que no estamos a salvo de nuevas sorpresas.

De momento, el percance nos ha dado un boleto más en el abono que tenemos desde hace unas semanas al portal mundial de los  escándalos financieros y económicos, esa portada del Financial Times, en la que no salimos bien  aunque nos equivoquemos.  En los últimos 25 días, España ha sido portada del FT en seis ocasiones, de ellas dos  de forma simultánea con ese otro escaparate de los negocios que es  The Wall Street Journal, fuentes ambas de la comunidad financiera internacional. No es de extrañar que a la postre cada  días los mercados nos brinden  otras noticias calamitosas  ya que los que invierten usando las noticias de ambos medios no tienen razones  más que para salir corriendo de España. No es necesario destacar, faltaría más, que todas esas portadas de la prensa internacional aportaban perfiles siempre negativos y preocupantes de la realidad española.

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