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Su animoso estudiante ha intentado encontrar en los últimos años otros hablantes del “kusunda” en el oeste de Nepal, aunque sin éxito. ”Algunas personas conocen palabras del idioma, pero solo Gyni Maiya puede hablar bien”, reconoció el investigador.
Los “kusunda”, una vez fuera de los bosques e instalados en pueblos dejaron de hablar su lengua y no la enseñaban a sus hijos porque el resto de la sociedad despreciaba su origen forestal. No nos molestamos en aprenderla porque no servía para nada”, dijo a Efe Prem Bahadur Pun, hijo de la última hablante.
Gyani Maiya empezó a vivir en un pueblo con sus padres cuando tenía diez años, y se casó con un hombre de etnia magar a los quince, mientras sus compañeros de andanzas en los bosques se cambiaban hasta el nombre para esconder su origen.
En Nepal coexisten más de cien grupos étnicos que hablan docenas de lenguas, la mayoría pertenecientes a las familias sino-tibetana, indo-europea, austro-asiática y dravídica. Pero el “kusunda” parece estar fuera de esas categorías: “es una lengua aislada”, afirmó el profesor Pokharel,
Esta lengua tiene casi mil palabras-raíz, y la forma de combinarlas para formar nuevas palabras es distinta de la de otras lenguas, según el investigador Gautam. “Es una lengua extraña, pero me gusta aprenderla. Tiene algunos sonidos guturales, como los que se encuentran en el árabe o el turco”, afirmó el investigador.
El “kusunda” fue descubierto en 1969 por un antropólogo austríaco pero comenzó a ser estudiado en 1995, y gracias a las nuevas tecnologías y la recepción de fondos los investigadores pudieron iniciar a comienzos de este año los esfuerzos de conservación.
Lo curioso es que ahora que tiene un estudiante, Gyani Maiya ha desempolvado sus propios conocimientos de “kusunda” y ya es capaz de hablar la lengua de sus ancestros con mucha más fluidez. ”Creo que al principio solía darle vergüenza hablar en ‘kusunda’, pero ahora lo hace conmigo y su confianza para hablar en esta lengua ha crecido”, afirmó Gautam.
Para el investigador, el problema es que la última hablante de “kusunda” había comenzado a olvidar la sintaxis y la morfología, y además carecía de los contextos necesarios para poner su lengua a trabajar. ”Si preguntamos a alguien cómo se dice una palabra en su lengua quizá no puedan responder, pero la palabra aparecerá con seguridad cuando tiene que ser usada en el contexto apropiado”, explicó.
Los contextos de Gyani Maiya eran los que le proporcionaba su madre hasta su muerte, hace ya 25 años: ambas usaban el “kusunda” solo cuando necesitaban decirse algo sin que el resto de los presentes se enteraran. El último estertor “natural” del “kusunda”, pues, funcionó como una especie de código secreto.