Allí van Merkel y Rajoy sentados alegres en la popa de una “góndola” que surca el rio Chicago entre los rascacielos de la capital de Al Capone, y cuna política de Obama, rodeadas las delegaciones de Alemania y España por agentes del FBI para evitar cualquier posible incidencia, y ayudados los dos jefes políticos de Berlín y Madrid de sus respectivos intérpretes y ayudantes los que, en tan extraño paseo, exhibían de un lado para otro gráficos y documentos con los que imaginamos que Rajoy pretendía tranquilizar a Markel, mientras le pedía algo de dinero para defender la deuda pública y el dañado sistema financiero español.
Está claro que, en plena semana negra del estallido de Bankia, al ministro De Guindos le metieron un gol por la escuadra al estilo del cabezazo de Drogbá contra el Bayern de Munich, y el muy pardillo se tragó la llegada a España de unos inspectores europeos para revisar a fondo el riesgo en ladrillos de todos los bancos españoles, lo que enfadó y mucho a los banqueros, los auditores y al Banco de España.
Y ahora resulta que Rajoy, pillado en esta ratonera, presume de transparencia y pide que se investigue también a los otros bancos de la UE, porque sospecha que los de Francia, Italia y Alemania no están tampoco para tirar cohetes. Pero Merkel se calla la muy zorrita y deja a España llena de inspectores de la UE: unos para el nuevo déficit del 8,9 % y otros para la banca, que ya veremos lo que encuentran por aquí y por allí.
Eso de celebrar reuniones que se suponen tan importantes en la cubierta de un barco en movimiento, con ruido, viento y sol y papeles de por medio no parece muy serio y da la impresión que Merkel no considera a Rajoy le ha hecho un hueco en su agenda pero poco más. Esa reunión en un momento tan duro e importante para los españoles debió celebrarse en una sala y permitir incluso un encuentro a solas de los mandatarios, pero ya sabemos que la fuerza de España en Europa y en el mundo, es la que es. Y como nos descuidemos nos pondrán inspectores hasta en la ducha y no nos dejarán vivir en paz, por lo menos hasta que Rajoy se plante y lance en la UE un ultimátum o un discurso político duro y a la vez amenazante, a sabiendas que si España se hunde el euro se hundirá también.
Pero para eso hacía falta que Rajoy se hubiera tomado, antes de subir a la góndola envenenada de Merkel, unas copas de coñac, y en un momento de la discusión debió levantarse y decirle a la canciller: “o apruebas los eurobonos o salto ahora mismo por la borda”. Pero eso es mucho pedirle a Mariano que ya hizo el esfuerzo la pasada semana de ir al bar Manolo.
Ahora bien, si España sigue cabizbaja, humillada y bajo todas las sospechas mal vamos y peor iremos, porque los mercados huelen el miedo y la sangre y no cejarán hasta ponernos de rodillas y llevarnos al rescate de la UE, como dijo Hollande. Pero si no se atreven con Grecia, ¿cómo se van a atrever a dar la espalda a España? Al final el liderazgo cuenta y en este país estamos huérfanos de solemnidad. Y dice Rubalcaba que él europea de la UE, eso es lo que nos faltaba, Rajoy y Rubalcaba, dos titanes del mundo mundial de paseo por Bruselas. Mejor sería que se fueran de viaje de novios a Venecia a “gondolear”.

Pablo Sebastián
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