Las próximas reuniones en la cumbre del G-8, la OTAN, la UE y el G-20 han de permitir una cierta relajación de las altas tensiones económicas y financieras que tienen en jaque a la Unión Europea y a los países que, como Grecia, España e Italia, sufren diferentes inclemencias. Los griegos víctimas de su inestabilidad política y del riesgo final de quiebra y salida del euro, que ahora acaban de recibir un ultimátum de Alemana exigiendo un referéndum sobre el euro; y las de España e Italia, por los ataques de los mercados a la deuda de ambos países, encareciendo intereses y amenazando sobre todo a España con caer en la zona de rescate de la UE, tal y como se ha especulado la pasada semana cuando nuestro país alcanzó la cota de los 507 puntos en la prima de riesgo (ahora algo más relajada).
La pasada semana, con Bankia a punto de estallar y tirando hacia el abismo del resto de la banca española y con los intereses de nuestra deuda pública por las nubes, vivimos momentos de un cierto pánico, azuzado por las agencias de calificación. Hasta el punto que el presidente Rajoy hizo un llamamiento a la UE para la defensa del euro y de nuestra deuda pública, lo que tardó en ser contestado con intervenciones del BCE y declaraciones de la comisión a nuestro favor, y más tarde con palabras de aliento desde Berlín. El pacto político hallado en torno al Presupuesto de las comunidades autónomas para 2012, y la aceptación por la parte españoles de que sea el BCE quien estudie el riesgo de la banca española, han servido para bajar la tensión y dar un respiro a nuestro país.
Aunque veremos cómo empieza la semana entrante y si volvemos a visitar los infiernos financieros como en los pasados días. Por el momento tenemos algo a favor: el presidente francés Hollande ha impuesto en Berlín su discurso a favor de medidas concretas para relanzar el crecimiento, y ha coincidido con el presidente Obama en el mismo camino durante el encuentro que ambos celebraron ayer en la Casa Blanca. Del G-8 de Camp David se esperan otros mensajes similares a favor de la reactivación económica de la UE, y finalmente veremos que ocurre en la cumbre europea del día 23 y en qué condiciones llega España a esa cita.
Si para entonces el Gobierno ha conseguido domar el problema de Bankia (que milagrosamente se recuperó algo en la Bolsa durante el cierre del viernes) y está en condiciones de presentar a la UE su pacto presupuestario de las Comunidades Autónomas –que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría calificó de pacto de Estado), recortando sensiblemente el déficit para el año 2012, quizás la UE permita medidas de apoyo financiero a España para ver si de esa manera conseguimos espantar el ataque de los mercados. Y todo ello a pesar del nuevo déficit de 2011 aflorado en las cuentas de varias comunidades autónomas (como Madrid y Valencia) que acercan la cifra global española de 2011 al 9 % en vez de al 8,5 % lo que todavía hace más difícil cumplir con el objetivo que la UE marcó para España en 2012, del 5,3 %.
Naturalmente, todavía queda el problema del sistema financiero y la auditoria que sobre los riesgos de este sector piensa hacer ahora el BCE, lo que preocupa seriamente en Madrid y no solo porque se desconfía del Banco de España y de los auditores de los bancos y cajas españolas, sino porque podrían aparecer nuevos problemas hasta que toquemos fondo, se limpien las impurezas y veamos si a partir de ahí España puede reiniciar la senda del crecimiento.
El problema reside en que a pesar de los ajustes y las reformas que el Gobierno ha llevado a cabo, corremos el riesgo de que el Estado no llegue a recaudar este año lo que ha presupuestado y que sigamos pagando altos intereses por la deuda pública, por lo que será difícil cuadrar las cuentas y avanzar hacia 2013. Pero el presidente Rajoy insiste en que España ha hecho su trabajo y ha limpiado, ordenado y reformado todo lo que debía y podía (por más que siempre le queda el cartucho del IVA) que ahora le toca a la UE activar ayudas financieras y políticas para crecer. De lo contrario España entrará en aguas muy profundas y turbulentas y la crisis del euro y de la UE se reactivará con mayor gravedad que en el caso de Grecia.
De ahí la importancias de las reuniones de alto nivel en ciernes y sobre todo de la cumbre europea de la UE, donde veremos si por fin Merkel acepta entrar por la senda del crecimiento que reclama Hollande. Si a ello le añadiéramos un pacto político en España entre El Gobierno y el PSOE, entonces veríamos algo de luz por tenue que parezca al final de nuestro largo túnel, y en ese caso se podría empezar a pensar en un tiempo nuevo. Aunque para ello aún nos queda camino por recorrer.